CURIOSIDADES DE NUESTRO CUERPO
Mensaje n.º 7 ·
Mensaje n.º 7 ·
Mensaje n.º 12 ·
Mensaje n.º 299 ·
Usuario BaneadoDeseo concedido. Tu cake estará envenenado por el loquillo de Saw y si te lo comes mueres, si lo regalas te acusan de asesinato y mueres violada y violentada en la cárcel. No tienes dulcería a la que acusar porque apareció mágicamente, así son los deseos ?.
Hoy quiero destruir vuestros deseos ?Deseo que Hinata se aparezca desnuda a mi lado y me diga 《baby toma》?
Deseo concedido, pero cuando esta a punto del ñaca ñaca te das cuenta que es un travesti y que quiere hacerte tras tras por detrás...
Deseo otro cake, coño....
Mensaje n.º 15 ·
El Vaticano acopia el segundo tesoro en oro más grande del mundo. El tesoro en oro del Vaticano ocupa el segundo puesto tras el de los Estados Unidos. Las riquezas del Vaticano son incalculables. No hay pueblo sin iglesia, ni ciudad sin catedral, ni casi monte sin ermita.
Según un estudio realizado hace poco tiempo el Vaticano posee la cantidad de dinero suficiente para acabar con la pobreza mundial, pero no solo una vez, puede acabar con ella dos veces.
Mensaje n.º 3 ·
Comienza podando ramas innecesarias, más tarde continúa con aquellas que necesiten ajustar su tamaño al estilo que deseas. Una vez que hayas realizado la primera transformación, deja que la planta se asiente. Tras unas tres semanas, trasplántala a un recipiente para bonsái.
Como todo árbol, el bonsái depende de sus raíces para vivir por lo que debemos proporcionar los nutrientes y el agua que necesitan para estar saludables. El suelo debe ser poroso y con un buen drenaje para evitar encharcamientos. El sustrato o suelo, lo puedes hacer tú mismo o comprarlo ya hecho.
Lo principal es estar atentos al follaje del árbol y a la humedad de la tierra. Riega tu bonsái con agua de lluvia cuando la tierra se encuentre ligeramente seca, si aún está algo húmeda espera un tiempo. Es mejor así, ya que las raíces son muy sensibles al encharcamiento y pueden pudrirse por falta de oxigenación.
Hay varios árboles que usted puede cultivar en el interior de su vivienda, pero el más común (y el más fácil de cuidar) es el Bonsái de ficus. El Ficus Bonsái es tolerante a la baja humedad y puede soportar muchos malos cuidados; es una buena opción para principiantes.
Si os olvidáis de regar vuestro Bonsái hasta que el suelo se seque completamente, las raíces del árbol también se secarán y morirán. En unos días veréis las hojas marchitarse y caer. Si las raíces se han secado por completo, entonces no podéis salvar vuestro árbol.
Los bonsáis se riegan por encima una primera vez, para que la humedad abra los poros de la tierra. Al cabo de unos minutos se vuelven a regar a fondo, hasta que el agua salga por los agujeros de drenaje. La bandeja que acompaña a los bonsáis de interior sirve para que el agua sobrante no gotee encima de los muebles.
Los bonsáis han de vivir dónde reciban el sol y el aire, donde puedan recibir con alegría la lluvia y, sobre todo, donde les llegue bien la humedad de la noche. Una terraza, balcón, jardín o simplemente una ventana será el lugar idóneo para colocar nuestro bonsái.
Mensaje n.º 297 ·
deseo concedido pero tienes pesadillas
Deseo un cake de nata
Mensaje n.º 2 ·
Prometo mañana publicar algo del tema y consejos para que tengas tu bonsai saludable y hermoso . . . .
Mensaje n.º 33 ·
Aokigahara Shinkoo [憂鬱]A ver masters y para hacer todo eso que dicen que necesitan?
64gb de ram?
Enserio no entiendo por qué atacan las propiedades del móvil cuando a mi entender están buenas.
Tampoco no entiendo las personas que se compran un teléfono con 6 de ram solo para conectarse y llamar xd
Si lees bien, no he atacado el producto solo digo que hay que esperar para ver resultados...por favor... Nunca dije que necesitaría 64 GB de ram...y desgraciadamente mi teléfono no solo lo uso para llamar y conectarme...hay un universo de posibles tareas que hacer con un celular...no generalices ....
Mensaje n.º 1 ·
El Bayern de Múnich fue fundado el veintisiete de febrero de 1900 en Munich. Es el club de fútbol más laureado en la historia de Alemania, y es considerado coo uno de los más grandes de Europa.
El Bayern de Múnich fue fundado por once futbolistas que pertenecían al MTV Munchen, equipo que se negaba a participar en la Asociación de Fútbol del Sur de Alemania. De esta manera, estos once futbolistas, comandados por el que se convirtió en su primer presidente, Franz John. En sus primeros años el rival directo fue el 1860 München, del cual atrajeron a varios futbolistas para ficharlos. Al inicio sus colores principales eran el azul y el blanco, pero un problema financiero que debían resolver si querían poder jugar en un estadio acabó resultando en una adhesión al club Münchner-Sport Club (MSC). Fue en 1906, y siguieron manteniendo su independencia, aunque el único requisito fue que tomaran como suyos los colores del MSC, el rojo y el blanco. Desde entonces son conocidos como "Die Rothosen" (los pantalones rojos). Con la obtención del nuevo Estadio de Leopoldstraße el club se vio favorecido, ya que la afición podía visualizar al club en la comodidad de sus gradas. Es así como, poco a poco, se fueron convirtiendo en el mejor equipo de la zona de Múnich. En 1910 obtuvieron su primer título, el que les otorgaba ser campeón del Distrito Este de Alemania.
El conjunto muniqués fue creciendo en relevancia y se convirtió en el club con mayores aficionados de la ciudad. En 1932 ganaron el primer título nacional en su historia tras vencer al Eintracht de Frankfurt por dos goles a cero, equipo que era de los mejores en ese momento. Pero en 1939 estalla la Segunda Guerra Mundial, hecho que perjudicó al Bayern debido a su trasfondo judío. La asistencia al campo y el número de socios cayó drásticamente, y tras ello varios miembros del club, incluidos futbolistas, perdieron la vida en combate. Incluso en el Mundial conseguido en 1954 ante la mejor Hungría de la historia no contó con jugadores del Bayern entre sus filas. La suerte comenzaba a sonreírles, tras la obtención de la primera DFB-Pokal de su historia en 1957 ante el Fortuna Düsseldorf.
A pesar de la idea de que el Bayern de Múnich se mantuvo al margen del nacionalsocialismo de Hitler, el historiador Markwart Herzog asegura que el Bayern fue de los últimos equipos en tomar las medidas impuestas por Hitler, pero que aún así sí que actuaron conforme Adolf Hitler estipulaba. En la "Declaración de Stuttgart" el club acordó la expulsión de socios judíos, y contó en esos años con Presidentes afines al régimen. En esa época la Federación Alemana de Fútbol no obligaba a los equipos a incorporar a sus estatutos el "párrafo ario", sí más tarde, pero no en 1935, cuando el Bayern lo hizo.
La desastrosa actuación de la selección alemana Mundial de Chile de 1962 ratificó la necesidad de crear un campeonato en Alemania unificado. Antes, diversas ligas acogían a los diferentes clubes, y los ganadores de cada una de ellas iría a un torneo final en el cual se decidiría el ganador de Alemania. En 1963 se crea la Bundesliga, así como sus divisiones inferiores en la cual se escogerían a los representantes de cada zona para pertenecer a la primera división alemana. De la zona de Múnich no se cogió al Bayern de Múnich, sino al 1860 München por haber ganado el última campeonato. Esto relegó al Bayern a la Zweite Bundesliga (2. Bundesliga) y el club se vio inmerso en una crisis financiera que les obligó a vender a sus estrellas. Casi como golpe del destino, esta fue la razón por la cual el club apostaría por unos jóvenes que acabarían dominando el panorama futbolístico alemán. Se trata de Franz Beckenbauer, Sepp Maier y Gerd Müller. Sepp Maier se convirtió en el jugador con más apariciones en la historia del club y Gerd Müller en el máximo anotador.
Tras dos temporadas en la Zweite Bundesliga el Bayern logró ascender a la Bundesliga. La primera campaña del equipo sería la 1965/1966, donde acabaron en tercer lugar. El primer entrenador del club en primera fue el corata Zlatko Cajkovski, que logró alzarse con el Colonia con la primera Bundesliga de la historia en 1963. Este llamaba a Müller "gordito Müller", debido a su apariencia física. Ese mismo año ganaron la Copa de Alemania y lograron acudir a la Recopa del año 1967 ante el Rangers, siendo este el primer gran título intercontinental del club. El primer triunfo en la Bundesliga llegó en el año 1969, convirtiéndose en la primera consecución de la "Meisterschale". Después se han convertido en el equipo con más Bundesliga de Alemania.
Los años 70 fueron el inicio de algo grande en la historia de Bayern. Fue cuando empezaron a proclamarse campeones de la Bundesliga más regularmente y les salió uno de los competidores más duros que han tenido, el Borussia Mönchengladbach. 'Los potros' se hicieron con hasta cuatro títulos en esa década. Se convirtió, así, en el duelo más especial de la Bundesliga en esos años.
Dependiendo de la década y del estado de forma de los diferentes clubes de fútbol de Alemania, el Bayern de Múnich ha tenido como máximos rivales a diversos equipos. En los 70 fue el Borussia Mönchengladbach el equipo más potente junto con los bávaros, y en los 80 sería el Hamburgo, único equipo alemán junto con el Bayern y el Borussia en alzarse con la Copa de Europa. Es precisamente el Borussia Dortmund el máximo rival a día de hoy. También lo fue en los 90, cuando al Dortmund llegó el técnico Ottmar Hitzfield y ganaron la Champions en 1996. Años más tarde lo haría con los bávaros. Así pues, el Bayern-Borussia Dortmund es el actual denominado "Der Klassiker" en Alemania, desde que la llegada al club de Jürgen Klopp les alzara a lo más alto de Alemania y de Europa. De hecho, fue en la final de 2013 la que les enfrentó a ambos, con final feliz para el Bayern de Jupp Heynckes, ex jugador del propio club.
El Bayern de Múnich es el equipo más laureado de Alemania. Veintinueve Bundesligas, diecinueve Copas de Alemania y siete Supercopas de Alemania. En cuanto a títulos europeos es también el más consagrado, con cinco Copas de Europa, dos Copas Intercontinentales, una Copa de Mundial de Clubes de la FIFA, una Supercopa de Europa, una Copa de la UEFA y una Recopa de la UEFA.
Mensaje n.º 14 ·
2013 - El Bayern de Múnich gana la UEFA Champions League ante el Borussia Dortmund en Wembley por 2-1 .
Mensaje n.º 13 ·
Además de que la reencarnación se menciona en algunas religiones, se han registrado casos que hacen suponer que un alma podría haber pasado a un cuerpo nuevo.
En algunas partes de Asia, cuando muere una persona, sus familiares le ponen una marca sobre el cuerpo -frecuentemente usando hollín- con la esperanza de que su alma se reencarne en la misma familia. Se dice que la marca se convierte en este caso en una mancha de nacimiento en un bebé que nacerá después.
'The Journal of Scientific Exploration' menciona varios casos de bebés nacidos con manchas correspondientes a las marcas dejadas sobre los cuerpos de sus familiares muertos, entre ellos está el caso de un bebé birmano, que a los dos años también llamó a su abuela de manera peculiar, igual que su difunto marido.
Ian Stevenson, un profesor de Psiquiatría de la Universidad de Virginia, se centró en el estudio de los defectos de nacimiento formados por causas desconocidas.
Uno de esos casos fue el de un bebé turco que, al parecer, llevaba vestigios de la vida de un hombre asesinado con una escopeta de un tiro en la parte derecha de la cabeza. El niño nació con una oreja deformada y la parte derecha facial subdesarrollada, defectos registrados en uno de cada 6.000 y en uno de cada 3.500 bebés respectivamente.
Taranjit Singh es un niño indio que desde los dos años de edad decía que su nombre real era Satnam Singh, hijo de Jeet Singh, y que había nacido en otro pueblo a unos 60 kilómetros de su casa.
Relató que era estudiante de noveno curso cuando falleció en un accidente de tráfico, y que llevaba 30 rupias en la cartera y libros que quedaron manchados con su sangre.
Al oír esta historia tan extraña, su padre Ranjit comprobó que en el pueblo mencionado un adolescente llamado Satnam Singh sí fue atropellado por un motociclista. Ranjit se encontró con dicha familia, que le confirmó los detalles mencionados por Taranjit. El último además identificó correctamente a Satnam en las fotos de la familia Singh.
El experto forense Vikram Raj Chauhan comparó la escritura del cuarderno de notas de Satnam con la de Taranjit y las encontró semejantes.
Mensaje n.º 5 ·
El gato negro- Edgar Allan Poe
No espero ni remotamente que se conceda el menor crédito a la extraña, aunque familiar historia que voy a relatar. Sería verdaderamente insensato esperarlo cuando mis mismos sentidos rechazan su propio testimonio. No obstante, yo no estoy loco, y ciertamente no sueño. Pero, por si muero mañana, quiero aliviar hoy mi alma. Me propongo presentar ante el mundo, clara, suscintamente y sin comentarios, una serie de sencillos sucesos domésticos. Por sus consecuencias, estos sucesos me han torturado, me han anonadado. Con todo, sólo trataré de aclararlos. A mí sólo horror me han causado, a muchas personas parecerán tal vez menos terribles que estrambóticos. Quizá más tarde surja una inteligencia que de a mi visión una forma regular y tangible; una inteligencia más serena, más lógica, y, sobre todo, menos excitable que la mía, que no encuentre en las circunstancias que relato con horror más que una sucesión de causas y de efectos naturales.
La docilidad y la humanidad fueron mis características durante mi niñez. Mi ternura de corazón era tan extremada, que atrajo sobre mí las burlas de mis camaradas.
Sentía extraordinaria afición por los animales, y mis parientes me habían permitido poseer una gran variedad de ellos. Pasaba en su compañía casi todo el tiempo y jamás me sentía más feliz que cuando les daba de comer o acariciaba. Esta singularidad de mi carácter aumentó con los años, y cuando llegué a ser un hombre, vino a constituir uno de mis principales placeres. Para los que han profesado afecto a un perro fiel e inteligente, no es preciso que explique la naturaleza o la intensidad de goces que esto puede proporcionar. Hay en el desinteresado amor de un animal, en su abnegación, algo que va derecho al corazón del que ha tenido frecuentes ocasiones de experimentar su humilde amistad, su fidelidad sin límites. Me casé joven, y tuve la suerte de encontrar en mi esposa una disposición semejante a la mía. Observando mi inclinación hacia los animales domésticos, no perdonó ocasión alguna de proporcionarme los de las especies más agradables. Teniamos pájaros, un pez dorado, un perro hermosísimo, conejitos, un pequeño mono y un gato. Este último animal era tan robusto como hermoso, completamente negro y de una sagacidad maravillosa. Respecto a su inteligencia, mi mujer, que en el fondo era bastante supersticiosa, hacía frecuentes alusiones a la antigua creencia popular, que veía brujas disfrazadas en todos los gatos negros. Esto no quiere decir que ella tomase esta preocupación muy en serio, y si lo menciono, es sencillamente porque me viene a la memoria en este momento. Plutón, este era el nombre del gato, era mi favorito, mi camarada. Yo le daba de comer y él me seguía por la casa adondequiera que iba. Esto me tenía tan sin cuidado, que llegué a permititirle que me acompañase por las calles. Nuestra amistad subsistió así muchos años, durante los cuales mi carácter, por obra del demonio de la intemperancia, aunque me avergüence de confesarlo, sufrió una alteración radical. Me hice de día en día más taciturno, más irritable, más indiferente a los sentimientos ajenos. Llegué a emplear un lenguaje brutal con mi mujer. Más tarde, hasta la injurié con violencias personales. Mis pobres favoritos, naturalmente, sufrieron también el cambio de mi carácter. No solamente los abandonaba, sino que llegué a maltratarlos. El afecto que a Plutón todavía conservaba me impedía pegarle, así como no me daba escrúpulo de maltratar a los conejos, al mono y aun al perro, cuando por acaso o por cariño se atravesaban en mi camino. Mi enfermedad me invadía cada vez más, pues ¿qué enfermedad es comparable al alcohol?, y, con el tiempo, hasta el mismo Plutón, que mientras tanto envejecía y naturalmente se iba haciendo un poco desapacible, empezó a sufrir las consecuencias de mi mal humor.
Una noche que entré en casa completamente borracho, me pareció que el gato evitaba mi vista. Lo agarré, pero, espantado de mi violencia, me hizo en una mano con sus dientes una herida muy leve. Mi alma pareció que abandonaba mi cuerpo, y una rabia más que diabólica, saturada de ginebra, penetró en cada fibra de mi ser. Saqué del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí, agarré al pobre animal por la garganta y deliberadamente le hice saltar un ojo de su órbita. Me avergüenzo, me consumo, me estremezco al escribir esta abominable atrocidad.
Por la mañana, al recuperar la razón, cuando se hubieron disipado los vapores de mi crápula nocturna, experimenté una sensacion mitad horror mitad remordimiento, por el crimen que había cometido; pero fue sólo un débil e inestable pensamiento, y el alma no sufrió las heridas.
Persistí en mis excesos, y bien pronto ahogué en vino todo recuerdo de mi criminal acción.
El gato sanó lentamente. La órbita del ojo perdido presentaba, en verdad, un aspecto horroroso, pero en adelante no pareció sufrir. Iba y venía por la casa, según su costumbre; pero huía de mí con indecible horror.
Aún me quedaba lo bastante de mi benevolencia anterior para sentirme afligido por esta antipatía evidente de parte de un ser que tanto me había amado. Pero a este sentimiento bien pronto sucedió la irritación. Y entonces desarrollóse en mí, para mi postrera e irrevocable caída, el espíritu de la perversidad, del que la filosofía no hace mención. Con todo, tan seguro como existe mi alma, yo creo que la perversidad es uno de los primitivos impulsos del corazón humano; una de las facultades o sentimientos elementales que dirigen al carácter del hombre. ¿Quién no se ha sorprendido cien veces cometiendo una acción sucia o vil, por la sola razón de saber que no la debía cometer? ¿No tenemos una perpetua inclinación, no obstante la excelencia de nuestro juicio, a violar lo que es ley, sencillamente porque comprendemos que es ley? Este espíritu de perversidad, repito, causó mi ruina completa. El deseo ardiente, insondable del alma de atormentarse a sí misma, de violentar su propia naturaleza, de hacer el mal por amor al mal, me impulsaba a continuar el Suplicio a que había condenado al inofensivo animal. Una mañana, a completa sangre fría, le puse un nudo corredizo alrededor del cuello y lo colgué de una rama de un árbol; lo ahorqué con los ojos arrasados en lágrimas, experimentando el más amargo remordimiento en el corazón; lo ahorqué porque me constaba que me había amado y porque sentía que no me hubiese dado ningún motivo de cólera; lo ahorqué porque sabía que haciendolo así cometía un pecado, un pecado mortal que comprometía mi alma inmortal, al punto de colocarla, si tal cosa es posible, fuera de la misericordia infinita del Dios misericordioso y terrible.
En la noche que siguió al día en que fue ejecutada esta cruel acción, fuí despertado a los gritos de «¡fuego!» Las cortinas de mi lecho estaban convertidas en llamas. Toda la casa estaba ardiendo. Con gran dificultad escapamos del incendio mi mujer, un criado y yo. La destrucción fue completa. Se aniquiló toda mi fortuna, y entonces me entregué a la desesperación.
No trato de establecer una relación de la causa con el efecto, entre la atrocidad y el desastre: estoy muy por encima de esta debilidad. Sólo doy cuenta de una cadena de hechos, y no quiero que falte ningún eslabón. El día siguiente al incendio visité las ruinas. Los muros se habían desplomado, exceptuando uno solo, y esta única excepción fue un tabique interior poco sólido, situado casi en la mitad de la casa, y contra el cual se apoyaba la cabecera de mi lecho. Dicha pared había escapado en gran parte a la acción del fuego, cosa que yo atribuí a que había sido recientemente renovada. En torno de este muro agrupábase una multitud de gente y muchas personas parecían examinar algo muy particular con minuciosa y viva atención. Las palabras «¡extraño!» «¡singular!» y otras expresiones semejantes excitaron mi curiosidad. Me aproximé y vi, a manera de un bajo relieve esculpido sobre la blanca superficie, la figura de un gato gigantesco. La imagen estaba estampada con una exactitud verdaderamente maravillosa.
Había una cuerda alrededor del cuello del animal. Al momento de ver esta aparición, pues como a tal, en semejante circunstancia, no podía por menos de considerarla, mi asombro y mi temor fueron extraordinarios. Pero, al fin, la reflexión vino en mi ayuda. Recordé entonces que el gato había sido ahorcado en un jardín,contiguo a la casa. A los gritos de alarma, el jardín habría sido inmediatamente invadido por la multitud y el animal debió haber sido descolgado del árbol por alguno y arrojado en mi cuarto a través de una ventana abierta. Esto seguramente, había sido hecho con el fin de despertarme. La caída de los otros muros había aplastado a la víctima de mi crueldad en el yeso recientemente extendido; la cal de este muro, combinada con las llamas y el amoníaco desprendido del cadáver, habrían formado la imagen, tal como yo la veía. Merced a este artificio logré satisfacer muy pronto a mi razón, mas no pude hacerlo tan rápidamente con mi conciencia, por que el suceso sorprendente que acabo de relatar, grabóse en mi imaginación de una manera profunda. Hasta pasados muchos meses no pude desembarazarme del espectro del gato, y durante este período envolvió mi alma un semisentimiento. muy semejante al remordimiento. Llegué hasta llorar la pérdida del animal y a buscar en torno mío, en los tugurios miserables, que tanto frecuentaba habitualmente, otro favorito de la misma especie y de una figura parecida que lo reemplazara.
Ocurrió que una noche que me hallaba sentado, medio aturdido, en una taberna más que infame, fue repentinamente solicitada mi atención hacia un objeto negro que reposaba en lo alto de uno de esos inmensos toneles de ginebra o ron que componían el principal ajuar de la sala. Hacía algunos momentos que miraba a lo alto de este tonel, y lo que mé sorprendía era no haber notado más pronto el objeto colocado encima. Me aproximé, tocándolo con la mano.
Era un enorme gato, tan grande por lo menos como Plutón, e igual a él en todo, menos en una cosa. Plutón no tenía ni un pelo blanco en todo el cuerpo, mientras que éste tenía una salpicadura larga y blanca, de forma indecisa que le cubría casi toda la región del pecho.
No bien lo hube acariciado cuando se levantó súbitamente, prorrumpió en continuado ronquido, se frotó contra mi mano y pareció muy contento de mi atención. Era, pues, el verdadero animal que yo buscaba. Al momento propuse, al dueño de la taberna comprarlo, pero éste no se dio por entendido: yo no lo conocía ni lo había visto nunca antes de aquel momento. Continué acariciándolo y, cuando me preparaba a regresar a mi casa, el animal se mostró dispuesto a acompañarme. Le permití que lo hiciera, agachándome de vez en cuando para acariciarlo durante el camino.
Cuando estuvo en mi casa, se encontró como en la suya, e hízose en seguida gran amigo de mi mujer. Por mi parte, bien pronto sentí nacer antipatía contra él. Era casualmente lo contrario de lo que yo había esperado; no sé cómo ni por qué sucedió esto: su empalagosa ternura me disgustaba, fatigándóme casi. Poco a poco, estos sentimientos de disgusto y fastidio convirtiéronse en odio.
Esquivaba su presencia; pero una especie de sensación de bochorno y el recuerdo de mi primer acto de crueldad me impidieron maltratarlo. Durante algunas semanas me abstuve de golpearlo con violencia; llegué a tomarle un indecible horror, y a huir silenciosamente de su odiosa presencia, como de la peste.
Seguramente lo que aumentó mi odio contra el animal fue el descubrimiento que hice en la mañana siguiente de haberlo traído a casa: lo mismo que Plutón, él también había sido privado de uno de sus ojos.
Esta circunstancia hizo que mi mujer le tomase más cariño, pues, como ya he dicho, ella poseía en alto grado esta ternura de sentimientos que había sido mi rasgo característico y el manantial frecuente de mis más sencillos y puros placeres.
No obstante, el cariño del gato hacia mí parecía acrecentarse en razón directa de mi aversión contra él. Con implacable tenacidad, que no podrá explicarse el lector, seguía mis pasos. Cada vez que me sentaba, acurrucábase bajo mi silla o saltaba sobre mis rodillas, cubriendome con sus repugnantes caricias.
Si me levantaba para andar, se metía entre mis piernas y casi me hacía caer al suelo, o bien introduciendo sus largas y afiladas garras en mis vestidos, trepaba hasta mi pecho.
En tales momentos, aunque hubiera deseado matarlo de un solo golpe, me contenía en parte por el recuerdo de mi primer crimen, pero principalmente debo confesarlo, por el terror que me causaba el animal.
Este terror no era de ningún modo el espanto que produce la perspectiva de un mal físico, pero me sería muy difícil denominarlo de otro modo. Lo confieso abochornado. Sí; aun en este lugar de criminales, casi me avergüenzo al afirmar que el miedo y el horror que me inspiraba el animal se habían aumentado por una de las mayores fantasías que es posible concebir.
Mi mujer habíame hecho notar más de una vez el carácter de la mancha blanca de que he hablado y en la que estribaba la única diferencia aparente entre el nuevo animal y el matado por mí. Seguramente recordará el lector que esta marca, aunque grande, estaba primitivarnente indefinida en su forma, pero lentamente, por grados imperceptibles, que mi razón se esforzó largo tiempo en considerar como imaginarios, había llegado a adquirir una rigurosa precisión en sus contornos. Presentaba la forma de un objeto que me estremezco sólo al nombrarlo: y ésto era lo que sobre todo me hacía mirar al monstruo con horror y repugnancia, y me habría impulsado a librarme de él, ni me hubiera atrevido: la imagen de una cosa horrible y siniestra, la imagen de la horca. ¡Oh lúgubre y terrible aparato, instrumento del horror y del crimen, de la agonía y de la muerte!
Y heme aquí convertido en un miserable, más allá de la miseria de la humanidad. Un animal inmundo, cuyo hermano yo había con desprecio destruido, una bestia bruta creando para mí —para mí, hombre formado a imagen del Altísimo—, un tan grande e intolerable infortunio. ¡Desde entonces no volví a disfrutar de reposo, ni de día ni de noche! Durante el día el animal no me dejaba ni un momento, y por la noche, a cada instante, cuando despertaba de mi sueño, lleno de angustia inexplicable, sentía el tibio aliento de la alimaña sobre mi rostro, y su enorme peso, encarnación de una pesadilla que no podía sacudir, posado eternamente sobre mi corazón.
Tales tormentos influyeron lo bastante para que lo poco de bueno que quedaba en mí desapareciera. Vinieron a ser mis íntimas preocupaciones los más sombríos y malvados pensamientos. La tristeza de mi carácter habitual se acrecentó hasta odiar todas las cosas y a toda la humanidad; y, no obstante, mi mujer no se quejaba nunca, ¡ay! ella era de ordinario el blanco de mis iras, la más paciente víctima de mis repentinas, frecuentes e indomables explosiones de una cólera a la cual me abandonaba ciegamente.
Ocurrió, que un día que me acompañaba, para un quehacer doméstico, al sótano del viejo edificio donde nuestra pobreza nos obligaba a habitar, el gato me seguía por la pendiente escalera, y, en ese momento, me exasperó hasta la demencia. Enarbolé el hacha, y, olvidando en mi furor el temor pueril que hasta entonces contuviera mi mano, asesté al animal un golpe que habría sido mortal si le hubiese alcanzado como deseaba; pero el golpe fue evitado por la mano de mi mujer. Su intervención me produjo una rabia más que diabólica; desembaracé mi brazo del obstáculo y le hundí el hacha en el cráneo. Y sucumbió instantáneamente, sin exhalar un solo gemido mi desdicháda mujer.
Consumado este horrible asesinato, traté de esconder el cuerpo.
Juzgué que no podía hacerlo desaparecer de la casa, ni de día ni de noche, sin correr el riesgo de ser observado por los vecinos. Numerosos proyectos cruzaron por mi mente. Pensé primero en dividir el cadáver en pequeños trozos y destruirlos por medio del fuego. Discurrí luego cavar una fosa en el suelo del sótano. Pensé más tarde arrojarlo al pozo del patio: después meterlo en un cajón, como mercancía, en la forma acostumbrada, y encargar a un mandadero que lo llevase fuera de la casa. Finalmente, me detuve ante una idea que consideré la mejor de todas.
Resolví emparedarlo en el sótano, como se dice que los monjes de la Edad Media emparedaban a sus víctimas. En efecto, el sótano parecía muy adecuado para semejante operación. Los muros estaban construidos muy a la ligera, y recientemente habían sido cubiertos, en toda su extensión de una capa de mezcla, que la humedad había impedido que se endureciese.
Por otra parte, en una de las paredes había un hueco, que era una falsa chimenea, o especie de hogar, que había sido enjabelgado como el resto del sótano. Supuse que me sería fácil quitar los ladrillos de este sitio, introducir el cuerpo y colocarlos de nuevo de manera que ningún ojo humano pudiera sospechar lo que allí se ocultaba. No salió fallido mi cálculo. Con ayuda de una palanqueta , quité con bastante facilidad los ladrillos, y habiendo colocado cuidadosamente el cuerpo contra el muro interior, lo sostuve en esta posición hasta que hube reconstituído, sin gran trabajo toda la obra de fábrica. Habiendo adquirido cal y arena con todas las precauciones imaginables, preparé un revoque que no se diferenciaba del antiguo y cubrí con él escrupulosamente el nuevo tabique. El muro no presentaba la más ligera señal de renovación.
Hice desaparecer los escombros con el más prolijo esmero y expurgué el suelo, por decirlo así. Miré triunfalmente en torno mío, y me dije: «Aquí, a lo menos, mi trabajo no ha sido perdido».
Lo primero que acudió a mi pensamiento fue buscar al gato, causa de tan gran desgracia, pues, al fin, había resuelto darle muerte. De haberle encontrado en aquel momento, su destino estaba decidido; pero, alarmado el sagaz animal por la violencia de mi reciente acción, no osaba presentarse ante mí en mi actual estado de ánimo.
Sería tarea imposible describir o imaginar la profunda, la feliz sensación de consuelo que la ausencia del detestable animal produjo en mi corazón. No apareció en toda la noche, y por primera vez desde su entrada en mi casa, logré dormir con un sueño profundo y sosegado: sí, dormí, como un patriarca, no obstante tener el peso del crimen sobre el alma.
Transcurrieron el segundo y el tercer día, sin que volviera mi verdugo. De nuevo respiré como hombre libre. El monstruo en su terror, había abandonado para siempre aquellos lugares. Me parecía que no lo volvería a ver. Mi dicha era inmensa. El remordimiento de mi tenebrosa acción no me inquietaba mucho. Instruyóse una especie de sumaria que fue sobreseída al instante. La indagación practicada no dio el menor resultado. Habían pasado cuatro días después del asesinato, cuando una porción de agentes de policía se presentaron inopinadamente en casa, y se procedió de nuevo a una prolija investigación. Como tenía plena confianza en la impermeabilidad del escondrijo, no experimenté zozobra. Los funcionarios me obligaron a acompañarlos en el registro, que fue minucioso en extremo. Por último, y por tercera o cuarta vez, descendieron al sótano. Mi corazón latía regularmente, como el de un hombre que confía en su inocencia. Recorrí de uno a otro extremo el sótano, crucé mis brazos sobre mi pecho y me paseé afectando tranquilidad de un lado para otro.
La justicia estaba plenamente satisfecha, y se preparaba a marchar. Era tanta la alegría de mi corazón, que no podía contenerla. Me abrasaba el deseo de decir algo, aunque no fuese más que una palabra en señal de triunfo, y hacer indubitable la convicción acerca de mi inocencia.
—Señores —dije, al fin, cuando la gente subía la escalera—, estoy satisfecho de haber desvanecido vuestras sospechas. Deseo a todos buena salud y un poco más de cortesía. Y de paso caballeros, vean aquí una casa singularmente bien construida (en mi ardiente deseo de decir alguna cosa, apenas sabía lo que hablaba). Yo puedo asegurar que ésta es una casa admirablemente hecha. Esos muros… ¿Van ustedes a marcharse, señores? Estas paredes están fabricadas sólidamente.
Y entonces, con una audacia frenética, golpeé fuertemente con el bastón que tenía en la mano precisamente sobre la pared de tabique detrás del cual estaba el cadáver de la esposa de mi corazón.
¡Ah! que al menos Dios me proteja y me libre de las garras del demonio. No se había extinguido aún el eco de mis golpes, cuando una voz surgió del fondo de la tumba: un quejido primero, débil y entrecortado como el sollozo de un niño, y que aumentó después de intensidad hasta convertirse en un grito prolongado, sonoro y continuo, anormal y antihumano, un aullido, un alarido a la vez de espanto y de triunfo, como solamente puede salir del infierno, como horrible armonía que brotase a la vez de las gargantas de los condenados en sus torturas y de los demonios regocijándose en sus padecimientos.
Relatar mi estupor sería Insensato. Sentí agotarse mis fuerzas, y caí tambaleándome contra la pared opuesta. Durante un instante, los agentes, que estaban ya en la escalera, quedaron paralizados por el terror. Un momento después, una docena de brazos vigorosos caían demoledores sobre el muro, que vino a tierra en seguida.
El cadáver, ya bastante descompuesto y cubierto de sangre cuajada, apareció rígido ante la vista de los espectadores. Encima de su cabeza, con las rojas fauces dilatadas y el ojo único despidiendo fuego, estaba subida la abominable bestia, cuya malicia me había inducido al asesinato, y cuya voz acusadora me había entregado al verdugo…
Al tiempo mismo de esconder a mi desgraciada víctima, había emparedado al monstruo.
Mensaje n.º 37 ·
La paradoja fue propuesta ya por pensadores en la antigua Grecia.
¿Cuál es la causa y cuál el efecto? ¿Qué vino primero, el huevo o la gallina?
Científicos de la Universidad de Queensland en Australia y del Instituto NÉEL en Francia probaron que, en física cuántica, tanto el huevo como la gallina son los primeros.
"La extrañeza de la mecánica cuántica significa que los eventos pueden suceder sin un orden establecido", señaló la física Jacqui Romero, del Centro de Excelencia de ARC para Sistemas de Ingeniería Cuántica en la Universidad de Queensland.
"Tomemos el ejemplo del viaje diario al trabajo, donde viajas parte en autobús y parte en tren. Normalmente, tomarías el autobús y luego el tren, o al revés. En nuestro experimento, ambos eventos pueden ocurrir primero y eso se conoce como 'orden causal indefinido', no es algo que observemos en nuestra vida diaria".
Mensaje n.º 10 ·
NakiriVaya, tal vez lo busque aunque la verdad siempre le ando huyendo a las sagas o libros extremedamente largos ^^'
Te recomiendo trono de cristal si te gusta la fantasía, esta buenísimo, cada libro mucho mejor y todo bien pensado.
Mensaje n.º 13 ·
Esta cumplió 20 años me parece o algo así, hace unos días....
Adjunto
Adjunto
Mensaje n.º 27 ·
AidenOtro con las características, mi móvil tiene 800 MB de ram y hago de todo y no se tufa(?casi nunca) lo q eso sí tira unas fotos refeas. Yo con 4 GB de RAM flipo
Otra...respeta mi género... y el tema es para debatir si tu ram es una mierda chico no me ataques.....cuando tengas más de 10 actualizaciones de play store, juegues online y además conectes datos para gps o pasar archivos si que vas a flipar de la encangrejada que le dará a tu móvil...
Mensaje n.º 2 ·
Alemania no es el país más grande de la Unión Europea. Sin embargo, si es el más poblado, y también la mayor economía de la región.
La primera revista del mundo fue impresa en Alemania. Su nombre original era “Erbauliche Monaths Unterredungen”.
Mensaje n.º 18 ·
La historia oficial sobre el origen del Libro Guinness de los Récords Mundiales, el libro anual que cataloga cualquier logro humano, es que se usó para resolver una discusión sobre si el chorlito dorado es o el urogallo rojo el ave de caza más rápida de Europa. (Es el chorlito). Una de las personas que discutían, sir Hugh Beaver, director general de la fábrica de cerveza Guinness, señaló que la respuesta era difícil de encontrar en los libros de referencia. Así que creó uno para resolver este tipo de argumentos triviales y el Libro Guinness de los Récords Mundiales nació en 1955.
Mensaje n.º 7 ·
Los cerebros de los pollos se concentran en la parte posterior del cráneo, y no son mucha cosa de todos modos. Por esa razón, un pollo decapitado puede sobrevivir durante bastante tiempo, viviendo solo de sus terminaciones nerviosas.
Mike el Pollo sin Cabeza es quizás el ejemplo más conocido. Su dueño, un granjero llamado Lloyd Olsen, le cortó la cabeza en 1945, pero el pollo simplemente no se murió. Así que la familia lo mantuvo, dejando caer comida y agua directamente en su esófago. Finalmente, falleció después de 18 meses envuelto en una considerable atención mediática.
Mensaje n.º 5 ·
El agua
Los cambios de estado del agua, que existe en su mayor parte en estado líquido, se producen debido a la cercanía de sus moléculas. Cuanto más próximas se encuentran las moléculas entre sí, el agua adopta el estado sólido; cuando están más separadas, asume el estado gaseoso.
hasta ahora mi familia a conocido a mis dos novios formales y no se inmiscuyen, así que me dejan decidir lo que quiero hacer, pero me aconsejan siempre explicándome que ellos no tomaran ninguna decisión por mi, que solo opinan y yo debo actuar.
Miembro
Se unió Última vez:
6445 / 6600 XP
54 trofeos