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Una vez amé con sinceridad. Recuerdo sus dulces palabras sobre mi tenue brillo. Yo no era más que simpleza. Hizo de mí sus deseos y yo quedé pálida, inmóvil. Fui una muñeca y jugamos. Cuán insensible resulta el destino que arrebató su alma del cuerpo. Solo me queda su disecada figura y espirituales convenios.
Esto me suena a una lectura de Aven, donde el chico enamoro a una chica, y luego cuando termino de jugar con ella, la boto y se buscó otra. Para seguir con sus engañoso y mentales juegos.
Mmmm... vaya! Muy bueno, solo me pregunto qué o cuáles serán esos espirituales convenios...
todos desean más de lo que de verdad quieren,pero solo unos pocos lo consiguen