En primer lugar, para enajenarse no hace falta un libro de fantasía. Más sencillo: en una ciudad cualquiera de este planeta se puede idealizar una vida. La fantasía es incluso más complicada de trabajar.
En un tema anterior ya lo mencioné, pero para crear un mundo de fantasía que valga la pena hay que crearse toda una sociedad (o sociedades), con características y sistemas de todo tipo para que funcione. Es un género de la literatura que se subvalora porque lo asumen como de personas con poca adaptación social (la ya mencionada enajenación), y sin embargo, no hay nada más alejado de la realidad.
Leer un volumen de un mundo fantástico hace que la imaginación vuele. Vives lo que viven esos personajes, y es probable que se queden contigo mucho tiempo después de haber terminado la historia.
No es un género para todos los gustos, pero bueno, no hay ningún género que lo sea. Sin embargo, hay editoriales que prefieren dar prioridad a volúmenes que apuntan a una mayor demografía porque saben que tendrán más ventas que si apuestan por la fantasía.
Es una pena, realmente. Tomemos nuestro país como ejemplo. La fantasía y la ciencia ficción cubanas son espectaculares e hilarantes. No obstante, para encontrar un libro de estos géneros cuesta trabajo. Por suerte esto ha comenzado a cambiar desde hace un par de años hasta ahora.
Pero no, definitivamente no es de segunda. Es, de hecho, un género tan disfrutable como todos los demás.