AFICIONADOS Y EXPERTOS
Todos los grandes descubrimientos los hacen los aficionados. Siempre sucede... cuando empezáis un trabajo nuevo, sois muy creativos, os involucráis profundamente, proyectáis todo vuestro ser. Entonces, poco a poco, os vais familiarizando con el territorio. Y en vez de ser originales y creativos, comenzáis a ser repetitivos. Eso también es natural, porque cuanta más habilidad adquirís en cualquier trabajo, más repetitivos os volvéis. La destreza es repetitiva. De manera que los grandes descubrimientos los hacen los aficionados, nunca la gente experta... porque una persona experta pone mucho en juego. Si sucede algo nuevo, entonces, ¿qué será de su vieja habilidad? Durante años ha aprendido y se ha convertido en un experto. Por ello los expertos jamás descubren nada; nunca van más allá de los límites de su conocimiento. Por un lado se vuelven más y más diestros, y por el otro, más y más aburridos, 4 hasta que el trabajo parece una carga. Porque ya no hay nada nuevo que pueda entusiasmarlos... ya saben lo que va a pasar, saben lo que van a hacer; no hay sorpresa en ello. Así pues, aprended una lección: es bueno alcanzar una habilidad, pero no es bueno acostumbrarse a ella para siempre. Cuando os surja la sensación de que las cosas se han estancado, cambiadlas, inventad cualquier cosa, añadid algo nuevo, borrad algo viejo. Volved a ser libres del patrón en el que habéis caído, lo que significa ser libres de vuestra habilidad; volved a ser aficionados. Eso requiere coraje y agallas, pero así es como se torna hermosa la vida.
DÍA A DÍA, 365 meditaciones para el aquí y el ahora OSHO
ELEGID LA NATURALEZA
Siempre que veáis que la sociedad está en conflicto con la naturaleza,
elegid la naturaleza... sin importar el precio. Jamás perderéis. Hasta ahora se ha considerado que el individuo existe para la sociedad, de modo que ha de acatar lo que la sociedad dicte. Debe encajar en ella. Esa es la definición del ser humano normal: uno que encaja en la sociedad. Aunque la sociedad esté loca, hay que encajar en ella; entonces sois normales. El problema que ahora se le plantea al individuo es que la naturaleza exige una cosa y la sociedad lo contrario. Si la sociedad demandara lo mismo que la naturaleza, no habría conflicto. Habríamos permanecido en el Jardín del Edén. El problema surge porque la sociedad tiene sus propios intereses, que no necesariamente están en sintonía con el individuo y sus intereses. La sociedad posee sus propios intereses; el individuo ha de ser sacrificado. Nos encontramos en un mundo que está patas arriba. Lo correcto sería justo lo opuesto. El individuo no existe para la sociedad, sino esta para el individuo. Porque la sociedad es simplemente una institución, carece de alma. El individuo posee alma, que es el centro consciente.
DÍA A DÍA, 365 meditaciones para el aquí y el ahora OSHO
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La felicidad escondida
Un poco antes de que la humanidad
existiera, se reunieron varios duendes para
hacer una travesura. Uno de ellos dijo:
—Debemos quitarles algo a los seres humanos, pero, ¿qué?
Después de mucho pensar, uno dijo:
— ¡Ya sé! Vamos a quitarles la felicidad. El
problema es dónde esconderla para que no
puedan encontrarla.
Propuso el primero:
—Vamos a esconderla en la cima del monte
más alto del mundo.
—No, recuerda que tienen fuerza; alguno
podría subir y encontrarla, y si la encuentra
uno, ya todos sabrán dónde está —replicó otro.
Se escuchó una nueva propuesta:
—Entonces vamos a esconderla en el fondo
del mar.
Otro señaló:
—No, no olvides que son curiosos, alguno
podría construir un aparato para bajar, y entonces la encontrarán.
—Escondámosla en un planeta bien lejano
de la Tierra —propuso otro.
—No —le dijeron. Recuerda que les dieron
inteligencia, y un día alguno va a construir una
nave para viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad.
El duende más veterano, que había permanecido en silencio escuchando atentamente
cada una de las propuestas, dijo:
—Creo saber dónde ponerla para que nunca la encuentren.
Todos voltearon asombrados y preguntaron
al unísono:
—¿Dónde?
—La esconderemos dentro de ellos mismos;
estarán tan ocupados buscándola afuera que
nunca la encontrarán.
Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida
buscando la felicidad sin saber que la lleva consigo.
Recuerdo muy bien a ese estudiante de Derecho que me sacó de quicio tantas veces, pero ahora puedo redibujarlo en mi memoria con otros colores; pues después de entender las causas de Gandhi, el hombre menudo de sonrisa perpetua, pude comprender por qué me causaba tanta furia escucharlo. Ya que todo lo que él era yo jamás lo fui, todo lo que él tenía a manos llenas yo jamás lo conocí. De hecho, no he conocido a nadie más en mi vida que responda con tal inteligencia y la vez nobleza.
Estábamos comiendo en el comedor de la Universidad de Londres, donde yo impartía clases de Derecho, cuando él intentó sentarse al lado mío.
Mucho tiempo me arrepentí de haber reaccionado como lo hice, pero hoy sé que a Gandhi no le causé ningún daño, realmente sólo me lastimé a mí. Además, ardí en cólera y decidí vengarme como si se tratara de un juego entre chiquillos donde alguno nunca puede aceptar la derrota, pero me fue imposible calificar con una mala nota la última prueba de Gandhi, pues sus respuestas fueron más que perfectas. Mi última carta fue hacerle esta pregunta antes de entregarle su examen calificado: “Sr. Gandhi, si usted va caminando y sobre la calle ve un paquete abandonado en el que dentro encuentra una bolsa que desborda sabiduría y otra repleta de dinero, ¿cuál toma?”.
No tardó más de un segundo para contestarme con toda tranquilidad:
“Cada uno toma lo que no tiene”. Al escucharlo responderme indiferentemente con esa oración, tome mi marcador y escribí en letras grandes “idiota” sobre la primera hoja de su examen. Quedaba claro que yo mismo había irrespetado mi labor como profesor y que la rabia me había rebasado en todo sentido, pero el día que entendí por fin de qué se trataba eso que Gandhi hacía y en consecuencia provocaba en mí, fue cuando minutos después de aquel incómodo momento el estudiante se acercó a mí para decirme: “Profesor, usted me firmó la prueba pero olvidó agregar mi calificación”.
Mahatma Gandhi fue el hombre que contra un ejército completo y armado hasta el cuello, decidió liderar a un pueblo al que jamás le pidió levantarse en armas, sino que fabricaran por sí mismos sal en el mar y coser sus propias ropas. Se convirtió en el primer ser humano que se enfrentó a la guerra sin utilizar la violencia, razón por la que se le atribuyen una serie de elementos importantes y sobre todo, llenos de sabiduría a través de los que, así como lo hizo Gandhi con toda una multitud, todos podamos “ganar” una pequeña guerra o discusión con otra(s) persona(s), sin tener que recurrir a la violencia.
1. No ser egoísta
Mahatma Gandhi se preocupaba por todos, no sólo por las personas de la India; pues se conoce que posterior a la guerra durante la que el pensador terminó con el monopolio que los británicos poseían a través de la industria textil, logró reivindicar la economía india y días después se presentó en todas y cada una de las fábricas de Manchester para pedirles disculpas por haber causado que cientos de ingleses se quedaran sin trabajo.
2. Tener argumentos sólidos
El político pasó 21 años aprendiendo de los movimientos a favor de los derechos civiles de Sudáfrica, cultivó todo su conocimiento académico en la Universidad de Londres y pasó un largo tiempo observando las necesidades de la población de la India. Todo para reunir la información y perspectivas necesarias con las que pudiera enfrentarse a cualquier problemática, como la guerra, con argumentos veraces y de suficiente importancia.
3. Entrenar nuestra fortaleza física
A la edad de 77 años Gandhi podía equilibrase sobre troncos de madera que flotaban en el agua; al crecer en pleno siglo XIX, el nacionalista tuvo que acostumbrar a su cuerpo a reponerse y sanar sin la ayuda de la medicina moderna a partir de un entrenamiento físico y mental que lo mantenía saludable, pues en medio de una violenta y dividida India, el pensador tenía que levantarse siempre fuerte para seguir adelante.
4. Actuar con base en la paciencia
Para éste sabio ningún fin justificaba los medios, menos si estos lastimaban a cualquiera; de hecho, su filosofía se basaba en construir un muro ladrillo por ladrillo, cuidando los detalles y esperando el momento justo para colocar cada uno. Forma en la que todos deberíamos abordar cualquier pelea en la que no vale la pena desesperarse por resolver todo a la vez.
5. Defendernos con ideas que empaticen con otros
Es muy complicado pregonar una idea con la que el universo entero esté de acuerdo, pero durante su lucha, Gandhi demostró que es posible crear una empatía entre muchos a partir de una buena causa, pues él inspiró a otros pensadores a apoyar su dogma, lo cual volvió un poco más sencillo su largo camino.
6. Involucrarnos con las emociones de los demás
La palabra de Mahatma Gandhi siempre se basó en la verdad, pero también en las emociones de otros seres humanos. Por eso es que su causa llegó a tocar los corazones de miles que deseaban seguir al líder con el que se intensificaron más que por sus decisiones políticas, por las emociones con la que el libertador luchaba.
7. Simplificar nuestras palabras
La simplicidad es una característica bastante poderosa a la hora de hacer cualquier declaración; Steve Jobs, por ejemplo, se inspiró en la sencillez con la que el político indio llevó a cabo un movimiento transparente que no escondía secretos en cuanto a sus objetivos ni artimañas en su discurso.
8. Ser autosuficientes
El tan famoso DIY (“do it yourself” o “hazlo tú mismo”), fue instaurado a toda una cultura gracias a Gandhi, quien sembró en la gente la iniciativa de obtener su propia sal, fabricar sus propias prendas y otros artefactos de uso diario, en lugar de seguir pagando cantidades injustas por ellos. Razón por la que la industria británica decayó enormemente, haciendo perder fuerza a su imponente revolución, otra prueba más de que el pacifista nos enseñó a construir nuestras propias “armas”, por decirlo de alguna forma, para desequilibrar al enemigo.
9. Respetar las creencias del otro
A un hombre como M. G. no le importaba a qué religión pertenecían los demás, él siempre actuó con amor y compasión así se tratara de musulmanes, cristianos o ateos. Es una cuestión de respeto por todos los que poseen una religión, filosofía o concepción distinta a la nuestra que siempre nos ayudará a comprender mejor su punto de vista para encontrar la forma de ganar o mediar la situación de la mejor manera.
10. Nunca rendirse
Después de 55 largos años de arduo trabajo, Gandhi logró una de sus misiones, pero su lucha no había terminado aún, pues después de lograr la libertad de la India, el filósofo continuó salvando gente de los barrios más pobres. Este maestro nos enseñó que no importa cuánto, sino cómo luchemos por lo que queremos; más que una pelea se trata de la constancia con la que nos enfrentemos a algo o alguien que obstaculice nuestros objetivos.
Esa capacidad de volverse impredecible fue la que convirtió a Mahatma Gandhi en un hombre que logró unir la fuerza y sobre todo, el amor de cientos de corazones para abogar por una misma causa, personificando a un líder fresco que actuó como ningún otro ser humano en la historia, pues como ya lo leíste, él demostró que la brutalidad de la guerra también puede responderse con sabiduría.
FABULA
El profesor les ofreció café, fue a la cocina y pronto regresó con una cafetera grande y una selección de tazas de lo más selecta: de porcelana, plástico, vidrio, cristal -unas sencillas y baratas, otras decoradas, unas caras, otras realmente exquisitas...
Tranquilamente les dijo que escogieran una taza y se sirvieran un poco del café recién preparado.
Cuando lo hubieron hecho, el viejo maestro se aclaró la garganta y con mucha calma y paciencia se dirigió al grupo:
Se habrán dado cuenta de que todas las tazas que lucían bonitas se terminaron primero y quedaron pocas de las más sencillas y baratas; lo que es natural, ya que cada quien prefiere lo mejor para sí mismo.
Ésa es realmente la causa de muchos de sus problemas relativos al 'stress.'
Continuó: Les aseguro que la taza no le añadió calidad al café. En verdad la taza solamente disfraza o reviste lo que bebemos.
Lo que ustedes querían era el café, no la taza, pero instintivamente buscaron las mejores. Después se pusieron a mirar las tazas de los demás.
Ahora piensen en esto: La vida es el café. Los trabajos, el dinero, la posición social, etc. son meras tazas, que le dan forma y soporte a la vida y el tipo de taza que tengamos no define ni cambia realmente la calidad de vida que llevemos. A menudo, por concentrarnos sólo en la taza dejamos de disfrutar el café.
¡Disfruten su café! La gente más feliz no es la que tiene lo mejor de todo sino la que hace lo mejor con lo que tiene; así pues, recuérdenlo:
* Vivan de manera sencilla.
* Tengan paz.
* Amen y actúen generosamente.
* Sean solidarios y solícitos.
* Hablen con amabilidad.
El resto déjenselo a Dios. y recuerden que: la persona más rica no es la que tiene más sino la que necesita menos .....
DISFRUTA TU CAFÉ ...
LA ULTIMA PLEGARIA DE GANDHI
Ya te sientas fatigado o no ¡oh hombre!, no descanses;
no ceses en tu lucha solitaria,
sigue adelante y no descanses.
Caminarás por senderos confusos y enmarañados
y solo salvarás unas cuantas vidas tristes.
¡Oh hombre!, no pierdas la fe, no descanses.
Tu propia vida se agotará y anulará,
y habrá crecientes peligros en la jornada.
¡Oh hombre! soportas todas esas cargas, no descanses.
Salta sobre tus dificultades
aunque sean más altas que montañas,
y aunque más allá solo haya campos secos y desnudos.
¡Oh hombre!, no descanses hasta llegar a esos campos.
El mundo se oscurecerá y tú verterás luz sobre él
y disiparas las tinieblas.
¡Oh hombre!, aunque la vida se aleje de ti, no descanses.
¡Oh hombre!, no descanses;
procura descanso a los demás
(Esta oración fue hecha en la mañana del 15 de Enero de 1948;
a las 5:15 de la tarde de ese mismo día, murió asesinado, repitiendo: ¡Hai Rama! -¡Oh, Dios!- )
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Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste ya a de ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente...
El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú... Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentalmente, envenenarte y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.
Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!
Paulo Coelho - Novelista Brasilero