En mayor o menor medida todos hemos sido hipócritas en algún momento de nuestras vidas, pero normalmente uno intenta compatibilizar las acciones con las palabras. El problema está en las personas que lo practican regularmente y que adoptan la hipocresía como un estilo de vida.
También es verdad que existe un sesgo por el cual nos parece que los demás son hipócrita y nosotros no. Y es que ante una situación dada se justifican las acciones propias por las condiciones que nos llevaron a realizarlas, pero se asume que los demás actúan así porque es su forma de ser, porque son hipócritas, desconociendo que ellos también pueden tener razones para serlo.
En parte la hipocresía también ha surgido como reflejo de la evolución social ya que sustituye la violencia por una forma de resolución de conflictos más avanzada, pero que a la larga cumplen el mismo objetivo. Por ejemplo, yo podría decirle a la persona que me empieza a hablar gratuitamente en las colas que se calle, que no me importa lo que está diciendo y que vaya a molestar a otro; o podría asentir, sonreír y pensar en cualquier otra cosa mientras hago como que le hago caso. Esto último sería una hipocresía porque estoy dando a entender que estoy atendiendo lo que dice, mientras actuo de forma contraria.
Dostoyevski, que desarrolla muy bien la psicología de los personajes, trató este entre otros temas en su novela "El Idiota".
Aquí el personaje principal es considerado débil de mente por no apegarse a las convenciones sociales de la hipocresía y ser excesivamente honesto, cosa que en general está muy mal vista.
La mejor forma de luchar contra la hipocresía es la asertividad, lograr un equilibrio entre decir las verdades necesarias pero de la forma menos agresiva posible.