¿Pueden los Homosexuales ser Cristianos?
Mensaje n.º 105 · hace 8 años
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16 trofeosMensaje n.º 105 · hace 8 años
Leer la publicación completaNo se si voy a llover sobre mojado, quizás sí porque es que son muchos comentarios ya, y no los he podido leer todos. Algunos a favor y otros en contra de la homosexualidad en mayor o menor grado.
Para mí, es mejor que ninguna iglesia esté constantemente diciendo lo que es pecado y lo que no lo es, sobre todo a quien es homosexual y se está cuestionando estas cosas buscando respuestas, porque me parece que se le está dando más importancia al pecado en sí que a la Gracia del Evangelio de Cristo, con lo que se le está poniendo estorbos a la persona y al Santísimo Evangelio de la Misericordia divina. Cristo vino a traer buenas noticias a un mundo que necesita misericordia porque es incapaz de salvarse a sí mismo de sus pecados. Y la iglesia (el conjunto de los verdaderos creyentes) debe ser la expresión más plena de esa misericordia y gracia, y no tanto de una ley que te dice los "no hagas esto" y "no hagas aquello", porque eso suena a imposición y a esclavitud más que a verdadero poder para transformar vidas. Dios a las personas homosexuales las ama incondicionalmente como a todos sus hijos e hijas. Cada persona vaya o no vaya a una iglesia, sea o no sea homosexual está llamada por Dios a buscar constantemente la verdad más alla de la opinión de los cristianos de una u otra iglesia, aunque no hay por qué desdeñar lo que digan que sea absolutamente cierto. Piense, medite, reflexione. Una cosa sí es cierta: Para ser cristiano debes hacer de la verdad tu Dios, y relegar tanto heterosexualidad como homosexualidad a un segundo plano comparada con la verdad. Sobre la identificación que hacen las personas de la verdad con la Biblia tengo algo que decir:
La Biblia tuvo su contexto, su mensaje fue dirigido a personas de aquellos contextos bíblicos del siglo 1 y épocas anteriores, y lo que hay que buscar en ella es la verdad que les quería transmitir en cada uno de esos casos, y no establecer un patrón para todas las épocas o unas reglas sin excepciones, y por eso a veces caemos en malas interpretaciones con las que dañamos a la gente o con las que les impedimos ver a un Dios de Misericordia.
No deberíamos decirle a una persona que ha practicado la homosexualidad ininterrumpidamente durante varios años que rompa ahora definitivamente con eso porque sino Cristo no la aceptará. Eso para mí es un error. Cristo no espera que la persona en ese caso haga eso. No es posible para la persona. Cristo quiere hacer que esa persona entre en una vida milagrosa donde pueda ver actuaciones poderosas de Dios, no que los milagros los haga la persona, y cambiar un hábito tan constante es todo un milagro, ya que ese hábito, como cualquier otro se enraiza mediante los pensamientos, las palabras, las acciones, y esto puede ser muy constante. Además Cristo también quiere que la persona disfrute sus descubrimientos personales sobre el tema, y que la persona se sienta libre. La iglesia debe respetar esa libertad al máximo. La iglesia debe estar para alentar la fe de la persona, no para ponerle tropiezos a la fe de nadie.
Dios te mostrará o insinuará hasta en sueños si es preciso (Joel 2:28,29) las verdades que tú necesitas considerar para ayudarte a descubrir lo que tú quieres y lo que quisieras sobre este tema. Y con la verdad te hará libre (Juan 8:32) porque no tienes por qué ser esclavo de algo que no quieres o que quieres pero no quisieras. Aunque también reconozco que hay personas que pueden cambiar de la noche a la mañana radicalmente por el poder de Cristo. La historia de la Iglesia está llena de casos.
Mas allá de si una iglesia sea cual fuere dice que esto o aquello es pecado, nosotros somos responsables de nosotros mismos y de buscar con toda sinceridad la verdad sobre ello, incluso en un tema tan delicado como la homosexualidad, porque según la forma en que cada persona se enfrenta a eso tiene sus consecuencias, por eso hay que poner en práctica el amor, porque las injusticias para con esas personas a Dios tampoco le agradan.
Quisiera además decir que lo que no sabemos nosotros lo sabe Dios, pues él ve el tren de principio a fin, nosotros solo vemos el vagón donde estamos y algo de sus alrededores. Así que si había que destruir Sodoma y demás ciudades es porque era algo necesario para el futuro, ya fuera el inmediato como el de largo plazo. Lo mismo sucedió en el caso de Adán y Eva, pero en otro sentido. Aunque yo no quisiera hablar de cosas que no se saben a ciencia cierta, me explico: Hay creyentes muy sinceros que no creen literalmente el relato de Adán y Eva, sino que piensan en él como una importante alegoría que apunta a la libre decisión de cada ser humano desde el mismo origen de la vida humana. Otros creyentes quizás igualmente sinceros lo creen literalmente. Yo sé que este no es el tema central del artículo y parecerá que me desvío del tema, pero si no hubo en realidad un Adán y una Eva perfectos en un paraíso totalmente perfecto, creo que la manera de enfocar el tema pudiera ser más reveladora de verdades para nosotros.
Una de las cosas en las que pienso acerca de la sabiduría de Dios es en que nuestra forma de vivir debe nacer de nuestra sinceridad, de un cambio obrado o permitido por Dios en nuestro interior, un verdadero cambio. Las personas pueden cambiar solas, contrario a lo que muchos dicen, pero no se le escapan a Dios, como muchos creen. Y también pueden o no cambiar las que acuden a Dios. Dios lo que desea es un verdadero cambio y que la persona sepa que hacia ahí se dirige por su propia decisión sin haber sido obligada por él, y los que cambian acudiendo a él sepan que fue su decisión acudir a su ayuda y decisión de él brindarla. El tema es sencillo pero tiene su complejidad como casi todo en esta vida.