Cuando las convicciones se derrumban
Mensaje n.º 1 · hace 5 años
Leer la publicación completaMember
Se unió el
1156 / 1500 XP
12 trofeosMensaje n.º 1 · hace 5 años
Leer la publicación completaMensaje n.º 1 · hace 6 años
Leer la publicación completaMensaje n.º 1 · hace 6 años
Leer la publicación completaEscuché esta noche en las noticias que al parecer habían hallado el cadáver de una de las dos niñas desaparecidas en Tenerife, concretamente el de la mayor, Olivia, de tan solo seis años de edad. Confieso que me he quedado desolado con la noticia, hasta el punto de no poder contener las lágrimas. Sí, lo admito, he llorado al escucharlo, y eso que no soy de lágrima fácil; pero este acto tan cruel, tan injusto, tan absurdo, ha removido en mí una sensación de impotencia e ira que no he sido capaz de dominar.
Siempre he estado completamente en contra de la pena de muerte. La considero una aberración y, además, de todo punto inoperante. Sin embargo, cuando te enteras de actos como este, esas convicciones parecieran derrumbarse por momentos, como si fuesen castillos de naipes, hasta el punto que, aunque me cueste decir esto, estrangularía al hijo de la gran **** que ha sido capaz de cometer semejante salvajada.
Ya que el compañero Luis Enrique insiste en hablarnos de lo bello que son Cristiano Ronaldo, Brad Pitt y, no sé si también lo mencionó, Danny de Vito, propongo sacar a la palestra el tema de la belleza. ¿Que qué tipo de belleza? Bueno, eso es lo de menos, aquella sobre la que cada uno quiera hablar. ¡Hay tantos tipos de belleza! Tenemos la belleza que enamora, la que aturde, la que magnetiza y atrae a quien posa sus ojos sobre ella, la belleza que acaricia, la que hipnotiza, la belleza serena, la belleza salvaje, la belleza que nos sumerge en remolinos de locura, la belleza invisible, la belleza etérea ¡Demonios, pero si todo cuanto nos rodea participa en cierto modo de belleza! Lo cierto es que tanto la belleza como su antagónica, la fealdad, nos envuelve por todas partes del mismo modo que el agua del mar puede rodear a las islas. Podemos hallarla en una frase escuchada al azar, en una canción que nos embriaga el espíritu, incluso en un simple palabra cuya eufonía proporcione a nuestros tímpanos hermosos ecos; o también en la sonrisa traviesa de esos niños que en ocasiones vemos jugando en la calle cuando salimos del trabajo; o en ese beso mediante el que unos labios trémulos se fundieron con los nuestros; o en la hoja ocre que, cayendo del árbol, ondula con suavidad en el aire antes de alcanzar su nueva ubicación sobre el suelo, donde con sus otras compañeras caídas va componiendo una dorada alfombra; o en las canas del anciano que sentado sobre un banco de madera lee el periódico al socaire de una vieja encina; o también en los bermejos pezones de la mujer que, sensual e insinuante, nos invita a su lecho, allí donde su cuerpo desnudo nos aguarda bajo las sábanas; o en la faringe de la Callas cuando tensa sus cuerdas vocales para obrar el prodigio de que al exterior vuelen las primeras notas del Casta Diva; o en los días, o en las noche ¡Hay tanta belleza! Eso sí, no podemos pretender que lo que es bello para nosotros, lo sea también para el de al lado, pues la belleza, nos guste o no, siempre lo será en función de los ojos de quien la contempla y, por tanto, completamente subjetiva... Salvo si acaso Cristiano Ronaldo, Brad Pitt o, quizá también, Danny de Vito :risita:
Los llamados amores imposibles tienen un embrujo especial que deriva precisamente de su inviabilidad, algo que los hace más vehementes, más morbosos por decirlo de algún modo, ese componente privativo que suele sazonar a todo aquello que resulta por naturaleza inalcanzable.
¿Masoquismo? No lo creo, nadie en su sano juicio quiere sufrir porque sí, ni siquiera por amor.
¿Inconsciencia? Tampoco me parece que sea lo que mejor define a este tipo de amores, entre otras cosas porque el enamorado suele ser perfectamente consciente en la mayoría de los casos de la imposibilidad de materializar su pasión, por más que, aun así, se recree una y otra vez en ella a través de su imaginación encendida.
¿Espejismo? ¡Por supuesto que sí! La visión se nubla ante los embates del deseo y conduce a percibir realidades distorsionadas, quimeras donde justamente la imposibilidad desparece.
¿Sueño? También, claro que sí, el sueño es un elemento consustancial a todo género de amor, más aún en el caso de los imposibles, que perderían toda su esencia sin dicho componente.
¿Obsesión? Evidentemente sí, un amor imposible se nutre de la obsesión, de esa ansia compulsiva que impide pensar en otra cosa que no sea en el ser amado.
¿Virus? (ahora que están tan de moda). Es posible, no en vano se inocula en la sangre y todo el organismo queda a su merced, sin que ningún antibiótico pueda combatirlo.
De todas formas y a pesar de todo, lo que yo realmente pienso es que la expresión amor imposible no deja de ser un oxímoron, ya que no creo que en el amor haya nada imposible.