Déjame saborearte despacio, sin prisas ni contratiempos, sin fijarnos en el reloj ni en si oscurece allá afuera...
Déjame sentirte, acariciarte y humedecerte, dejarte mis fluidos sobre ti para que sobre mí tú dejes desbordar los tuyos.
Déjame hacer lo que jamás hizo quien más te haya estremecido, y destrozarte, en el peor sentido de la palabra, déjame dejarte sin fuerzas, sin aliento y sin ganas de nada, ni de abrazarme después siquiera
Déjame que te deje con las ganas de querer volver a mí cuando el deseo te mate de ganas, cuando los recuerdos quemen tu cuerpo, cuando tu cuerpo cobre vida propia y quiera desprenderse de su sitio...
Déjame hacerte lo que mereces, porque, sin duda, mi amor, soy yo quien merece tener esa fortuna de lo que tienes
Déjame acariciarte lentamente hasta que grites y goces profundamente
Solo déjame hacerte mía como te lo mereces...