¿Qué opinas sobre la muerte?
Mensaje n.º 5 · hace 5 años
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Leer la publicación completaHelaena89 wrote:Interesante tu historia, justo cuándo estaba a punto de llorar ahí de la emoción sueltas que hay que seguir comiendo que la comida está cara XD.
Muy buenos giros aunque algo bruscos, te diría que si te esfuerzas das la talla para escribir un libro, que contenga de todo un poco, humor, llanto, amor, reflexión... Peeero trata de no redundar tanto, por lo demás me gustó, o sea te diría eso; sí me preguntarás mi opinión pero como no has preguntado no digo nada ?.
De hecho tengo algunos cuentos cortos y una novela en proceso, muchas gracias por tu opinión y más si es sincera, gracias ?..
-Que mierda hiciste ahora?- una mujer joven con una copa en la mano le decía a un hombre que estaba sentado al lado de ella, el hombre estaba aparentemente afligido.
-Soy un hijo de pvta, ¿cres que pueda dormir hoy aquí?
-¿Y que cree Liza sobre esto?
-Liza se fue, me dejó, ya no está.
-Cuéntame lo que pasó, pero por el aspecto de tu cara no creo que haya sido algo muy agradable, ten- le alcanzó la copa- toma un trago, uno grande.
-Gracias- el hombre tomó un gran trago y luego comenzó a toser, se limpió la boca y comenzó a narrar- estaba sentado en una esquina del cuarto, escuchando como blusa por blusa y braga por braga se marchaba Liza, "ya no siento nada por ti ", minutos antes me había dicho, intenté persuadirla pero fue en vano, no es que aún la amara ni nada por el estilo, pero simplemente me había acostumbrado a como mi vida funcionaba alrededor suyo.
Horas antes...
-¿Estas segura de esto? No tienes a nadie con quien vivir en esta ciudad.
-Me estaré quedando en casa de unas amigas, además eso ya no es problema tuyo, hace meses que ni siquiera me miras ¿ahora es que te preocupas por mi?- comenzó a elevar su tono de voz- ¿o lo que realmente te preocupa es que vas a perder a tu esclava?
-¿Esclava, de qué mierda estás hablando?
-Solo me tienes aquí para limpiar tu porquería, lavarte y cocinar, ni siquiera me tocas, hace ya seis meses que no follamos.
-Con que ese es el problema, ¿quieres follar?- me levanté de mi silla y fui hacia donde estaba, me paré justo enfrente de ella, la tomé por los brazos y la lancé a la cama, luego me puse encima de ella y comencé besarle el cuello, pero podía notar como mis labios eran desagradables a su cuerpo, comenzó a golpearme con las manos como pudo, a gritar, yo la neutralicé pero unas de sus manos se soltó, alcanzó la lámpara de noche que estaba en la mesita y me golpeó con ella en la cabeza, me desplomé en la cama junto a ella, toqué mi cabeza para comprobar el golpe y estaba soltando sangre.
-Te dije que nunca intentaras forzarme o la ibas a pasar mal estúpido me dijo aún acostada al lado mío.
-Tu madre jodiendo incluso ahora- le dije recordando que esa lámpara nos la había regalado su mamá para nuestra boda, la miré un instante y pude notar que se estaba riendo.
-Mi mamá era buena, lo que nunca le caíste bien, debe estar muy feliz ahora desde el cielo viendo como la lámpara cumplió bien su función, "rómpesela en la cabeza si algún día se propasa contigo", me dijo.
-Que vieja más- me miró con rabia- buena, que vieja más buena.
Se levantó de la cama y fue hacia la ventana, el día era algo oscuro, pero aún era temprano solo que había muchas nubes negras y al parecer iba a llover, metió las manos en sus bolsillos y sacó una caja de cigarros.
-Supongo que si me he perdido de algunas cosas, ¿desde cuando comenzaste a fumar?
-Desde que todo comenzó a irse a la mierda.
-¿Hace un tiempo eh?- todo lo que pude decir fue eso, no tengo idea de cuando fue el momento exacto en que lo nuestro se rompió, siempre hay un inicio, tanto para lo malo como para lo bueno, pero aveces lo malo no ocurre de pronto, sino que va acumulándose poco a poco, un beso no dado, una mala respuesta, una mirada al culo de una mujer ajena, pensando que no pasaría nada, "no pasará nada, fue solo una vez", nos autoconsolamos de esa manera y seguimos echando mierda a la pila, un día la pila nos cae encima y nos preguntamos, ¿donde fue que fallamos?, ¿cuándo?.
-¿Quieres uno?, se que no te gusta para nada fumar, una de las razones por las que empecé a fumar fue para simplemente joderte un poco, que cuando llegaras del trabajo me olieras y te molestaras mucho, pero ni siquiera lo notaste en estos meses, pero ya era muy tarde para dejarlo, me había acostumbrado a la paz ficticia que me proporcionaban sus 120 segundos, 120 segundos más cerca del cáncer, 120 segundos más lejos de todo, deberían durar más de 120 segundos estos cigarrillos de mierda.
-¿Te llevarás también el ventilador?- le pregunté.
-Por supuesto, en estas noches hace mucho calor- votó su cigarrillo y se marchó.
Presente...
-Luego se fué, se llevó el ventilador de verdad, intenté dormir de todas formas, pero los mosquitos y la tristeza no me dejaban pegar ojo, cual de los dos picaba más fuerte, así que no tuve más remedio que acudir a ti aunque te haya jurado que más nunca te buscaría, así de desesperado estoy.
-La has cagado muy bien señorito, pero tranquilo, al final siempre te quedaré yo, siempre tienes que regresar a mi, yo te cuidaré, yo nunca te pediré nada cambio- la chica se sentó en las piernas del hombre y lo besó- además, yo tengo dos ventiladores.
Tuvieron sexo sin amor toda la noche, mientras dos ventiladores que no tenían culpa de nada, aliviaban la tristeza...
-¿Qué piensas sobre la muerte?- me dijo mientras se llevaba una cucharada de arroz a la boca.
-No pienso mucho sobre ella, al final ya sé donde iré cuando muera.
-¿Y a donde irás cuando mueras?
-Pues a donde más, al infierno.
-¿Al infierno?- preguntó asombrada.
-Tal y como te lo cuento, más no te preocupes, estoy seguro que tu irás directo al cielo- mi respuesta le dió paz, no es como si yo fuera el que decidiera esas cosas pero de alguna manera ella me creyó completamente.
-¿Cómo sabes que iré al cielo?
-Porque Dios no enviaría al infierno alguien con una sonrisa tan hermosa, ni aunque cometiera el peor de los pecados- su cara se sonrojó de manera súbita, había tocado los botones indicados.
-Siempre dices cosas tan hermosas, es por eso que no me importaría pecar e ir al infierno contigo.
-Te dije que no puedes, Dios no se atrevería.
-Pero entonces te extrañaré mucho- me tomó de las manos, sus ojos estaban cristalizados, casi a punto de llover.
-No te preocupes, yo iré al infierno, de eso estoy seguro, pero juro que todos los sábados me escaparé e iré a verte allá en el cielo.
-¿Lo prometes?- apretó fuerte mis manos, sin dejar de mirarme.
-Lo prometo- le dije con una sonrisa y la lágrima que tanto se había contenido por fin salió, vaya chica estúpida, esas pequeñas cosas eran lo que me gustaba de ella, además de su gran trasero, por supuesto.
Después de eso continuó comiendo, había que aprovechar pues el lugar donde la había llevado era muy caro, prácticamente te cobraban por respirar, todo en el país estaba así de todas formas, nos habíamos acostumbrado lamentablemente a sobrevivir.
-Tendrás que haber hecho algo muy malo para tener la certeza de que irás al infierno- dijo después de terminar su comida.
-En verdad no he hecho nada de otro mundo, simplemente siempre he sentido que no soy la persona favorita de Dios por así decirlo, así que no espero que me favorezca el día del Juicio Final.
-¿Y como harás para escaparte?, además, ¿porqué los sábados?
-¿Qué has pedido para comer, cotorra?
-Jajaja, hace años que no escuchaba eso, simplemente tengo curiosidad, además tengo que saber todos los detalles para poder esperarte.
-Tienes razón, bueno, este es el plan, no hay que haber ido al infierno para saber que los Sábados allí se deben montar unas fiestas endemoniadas- la miré para ver si había entendido el chiste, pero nada, sin reacción- bueno, yo aprovecharé toda la algarabía para escaparme de alguna forma, robar una nave y viajar al cielo, pan comido, ¿ves?- ella en serio estaba analizando todo el plan en su mente.
-Supongo que es un buen plan, pero tengo otra duda.
-Dígame señorita.
-¿En el cielo no habrán fiestas los sábados?- me preguntó preocupada.
-No lo creo mi amor- le respondí, ella me miró fijamente e hizo una mueca.
-Menuda mierda es el cielo.
Terminamos de cenar y pagamos la cuenta, luego simplemente nos fuimos...
Tengo miedo de que llege un jueves y decidas sin consultarme, que ya no me quieres, podría ser cualquier día pero estoy seguro que si algo así sucediera, sería un jueves.
Nunca han sido los jueves buenos días en mi vida, mi trauma empezó cuándo después de las 4:20 me invitaron, formalmente, a fajarme en la salida.
Era como un acto religioso decidir ese horario, nunca sabré como pero siempre al llegar esa hora resultaba que ya todos los de las escuela se habían enterado, no teníamos internet, ni Zapya, ni mucho menos conexión por datos, pero nos sobraba valentía y ganas de no quedarnos callados.
Ya ese día se convertía automáticamente en un día de lucha, solo pensabas en como destruir a tu adversario y humillarlo con la mayor cantidad de bulla, sentías esas mariposas en el estómago pero no eran de amor, no, eran de que a pesar de todo tenías miedo de cometer un error, pues la pasada y actual sociedad siempre es muy cruel con el perdedor.
Recuerdo que siempre venía una mano amiga y te decía: no te preocupes, si alguna se mete esa es mía, y no era que se refiriera a una mujer, era que en esa época era gracioso cambiar el género de un chico para ofender, pero a pesar de cosas como esas eramos más sanos en el ayer.
Cada timbre acercaba más y más el combate, los profesores ya los sabían y amenazaban con llamar a los padres, más eramos clandestinos y no nos daba miedo el destino, no sabía aún lo que era vivir de verdad pero me sentía realmente vivo.
Llegó la hora de salida y recuerdo que salí, tenía miedo, claro, pero también me sentía Muhammad Ali, todos me seguían ese día, era el messiah, no era el más bonito pero tenía a todas las chicas, todos tenían su fe en mi, no porque me admiraran, sino por lo típico de la naturaleza humana, el otro era mucho más pequeño que yo, por eso era normal el pensamiento de que ganara.
En la puerta de la escuela había una gran multitud, observé a mi némesis y lo llamé a un lugar apartado, relativamente lejos de la escuela, para no ser molestados, como animales salvajes comenzamos el ritual, la multitud formó un círculo y comenzamos a gritar, cosas estúpidas como recordar a las mamás o dudar de la hombría del otro, lo normal, cuando estuve lo suficientemente molestó demostré todas mis habilidades en defensa personal, el otro era muy rápido o yo muy lento porque en fin, no lo pude ni tocar, podría ser también porque cerré los ojos antes de golpear.
Estuvimos dando golpes inciertos y revolcados en el suelo como por diez minutos, hasta que nos separaron y empezamos a asumir quien había ganado, el decía que él, yo decía que yo, lo cierto fue que ese día en verdad había perdido yo, pues a pesar de los golpes que recibí, de golpe te ví allí, llevabas tu uniforme decolorado por el uso y tu lonchera color marfil, era de esas de plástico tejido que había que terminar lavando todos los fin, en fin, ese jueves perdí dos veces, pero también te conocí.
Luego de otra pelea perdida en casa con mamá, lo siguiente que tuve en mi mente fue buscar a la niña que había visto o al menos descubrir si iba a mi escuela, pues esos eventos podían también ser internacionales, todas pistas que tenía eran un descripción vaga y una sensación de hormigueo en la barriga, la misma del día anterior, pero esta vez ya no había peleas a la salida, pero era algo peor, pues el amor es un contrincante que no se ve, pero no tiene temor.
Teníamos dos recesos los cuales eran algo sagrado, unos jugaban, otros merendaban y los de más posibilidades le daban a la maestra el pan o el refresco que su mamá le había mandado, la maestra aceptaba siempre la extorsión como si no fuera nada malo, al principio ese acto yo lo criticaba, pero al crecer entendí que aveces la maestra eso era lo único que desayunaba.
Todo estaba aparentemente normal, menos el hecho de que ya no se me podía ver como en todos los recesos intentando levantar la falda de Pilar, o, pidiendo un pañito prestado porque sin mantel la profe no me dejaba merendar, ahora tenía problemas muchos más serios, había cambiado todas mis cajitas de fósforo por información, eran tiempos crueles, todo se regía por la ley de adquisición, o tú papá te compraba las cajas o hacías como yo, te escupías la palma de la mano y serías el ganador.
Luego de hacer mucha trampa y extorsionar a los pioneros de Martí con bolas y trompos, alguien me dió un dato sobre el posible paradero de la chica fantasma, así la llamaba pues había recorrido todo el territorio conocido de la escuela y nada, ni javita marfil, ni falda decolorada.
La información que me dieron fue un duro impacto también, pues si esa era la chica que buscaba me iba a buscar muchos problemas pues, no era alguien con quién debería estar, ella estaba en tercero y yo en quinto ya.
Por esos tiempos estaba muy de moda el término "asalta cuna", término que se usaba no solo para referirse a la diferencia de edad, pues ese no era el problema porque le llevaba solo dos años, era también para separar por pañoletas, había un gran clasismo entre colores.
Les explico, yo estaba en la cúspide prácticamente, usaba mi vermuda larga y mi pañoleta roja, lo que significaba claramente que era un ser "superior", había ascendido un jueves, casualmente, cuando un ángel (mi mamá) me cambió mi pañoleta de color, luego gritamos unas cuantas consignas sin sentido y nos cambiamos de civil, lo cual era algo extraordinario, jamás entenderé porque vestirse de "salir" en la escuela era tan genial.
Pero regresando a lo que nos ocupa, les puedo decir que no me importó, para mí nunca fue muy importante de los otros la opinión, así que después de chocar los hombros con un chico (esta era otra forma de pelea sin un ganador) por llamarme asalta cuna, bajé las escaleras para buscar a la chica fantasma.
Quedaban aún diez minutos de receso, me encontraba en un totalmente desconocido terreno y yo era o muy grande o todos eran demasiado pequeños y en sus cuellos, predominaba el azúl, me dió vergüenza verme completamente desprotegido allí así que me iba a marchar cuando me detuviste tú.
Y tú, estabas ahora con tu uniforme totalmente azúl, los años habían pasado sin darnos cuenta y habían dejado secuelas, me habían dicho que de niño te perdí la pista porque te habías cambiado de escuela, así que con el tiempo me olvidé de tú nombre que nunca supe y había comenzado la secundaria, conocí la física, la química, también la biología humana, sentí hormigueos en la barriga que resultaron ser arañas y más nunca me fajé a la salida, pero tuve ganas de hacerlo para ver si te veía, tenía curiosidad por saber en quién se había convertido la chica fantasma, la de la lonchera tejida y falda decolorada.
Ahora te tenía de frente luego de muchos años, un jueves marcaba la fecha en el calendario, tú estabas en décimo, yo en doce grado, la jerarquía continuaba, pero eso nunca me había importado, te acercaste y me preguntaste que si estaba bien, pregunté que porque la pregunta y me respondiste, por la pelea de ayer, sonreímos y todo estuvo bien, era un jueves de mierda, incluso tenía TCP, pero todos mis problemas se dispersaron al volverte a conocer.
Luego pasaron los días, risas, conversaciones a escondidas, descubrimos nuestros cuerpos y todas las cosas que no sabía, comenzaron aflorar por valentía, los problemas comenzaron a ser más serios, fuimos dos o tres veces al cementerio, compramos una lonchera esta vez de tela, cambiaste una pañoleta y sin saber, los pioneros de Martí que antes engañaba a las cartitas, me veían envejecer.
Y ahora como adultos responsables que somos, discutimos cada día un poco más tal vez, por eso tengo miedo de que llege un jueves y decidas sin consultarme, que ya no me quieres, podría ser cualquier día pero estoy seguro que si algo así sucediera, sería un jueves y entonces mi pelea en la escuela aquel día, sería en vano.