A causa de estar cercana a la costa, Remedios atrajo la codicia de los corsarios desde 1538, los que merodeaban por las costas de Cuba para repartir sus botines o esconderlos, aunque el primer asedio importante ocurrió a principios del siglo XVII cuando unos piratas asentados en las Islas Tortugas, conocidos como “los hermanos de la costa” saquearon la villa y se llevaron a mujeres y a hombres como esclavos. Se sucedieron los ataques y fue aterrador el asalto a Batabanó, Remedios y Puerto Príncipe (hoy Camagüey) en el mismo año de 1667, cuando ya el famoso bucanero del que vamos a hablar ya había llegado a comandar una flota de cincuenta naves piratas, pero el de nuestra historia es de 1658, cuando Jean David Nau, más conocido como François l’OloJnnais, también llamado El Olonés, uno de los personajes más crueles que asoló a Latinoamérica en ese periodo, atacó a Remedios.
El ataque fue tan violento que tras cometer todo tipo de depredaciones a sus indefensos habitantes, solo quedaron las piedras sobre el suelo y como era costumbre ante esos ataques, los remedianos se internaron en los montes, lo que fue aprovechada por los piratas, los que se apoderaron de la iglesia, matando al Obispo De la Torre. Aunque trató de escapar, por subterráneos y pasadizos del pueblo la joven de nuestra leyenda fue capturada por el mismísimo Olonés, el que pretendió hacerla su amante.
El Olonés sembraba el terror por donde pasaba, a sus cautivos los torturaba y elegía alguno que sirviera de ejemplo a los demás al que o le cortaba vivo su cuerpo en pedazos o le abría el pecho sacándole el corazón, por lo que era un personaje temido y odiado a causa de su crueldad sin razón. Muy astuto, al bucanero nunca pudieron vencerlo los españoles ni por tierra ni por mar, hasta que finalmente fue capturado por indígenas de una tribu kuna, practicantes del canibalismo, que lo descuartizaron vivo y echaron al fuego de sus despojos, lo que puede considerarse algo así como un “ojo por ojo y diente por diente”.
François l’Olonnais
Alexandre Olivier Exquemelin – The Library of Congress presents The Buccaneers of America
La leyenda cuenta que la muchacha luchó furiosamente contra el Olonés al que le arañó la cara y el pecho. El asesino furioso por no alcanzar su objetivo y haber sido ridiculizado por la valiente joven, le cortó la cabeza de un solo tajo.
Después de esos hechos surge la escalofriante historia de que el cuerpo sin cabeza, comenzó a correr y el Olonés la persiguió junto con sus hombres, hasta que cayó en un profundo despeñadero en la zona de Seborucal, cercana a Remedios, de donde se alzó con la cabeza en su lugar maldiciendo al asesino y la furnia se convirtió en un lugar encantado al que nadie se atrevió jamás a bajar.
La leyenda cuenta que la infeliz joven sale de su refugio en la sima en fechas muy señaladas: el primer viernes de enero, el Viernes Santo, el viernes anterior al 25 de diciembre coincidiendo con el nacimiento de Jesucristo y el viernes de Dolores, anterior al Domingo de Ramos. En esos día sale de su refugio con la cabeza entre las manos, dando vueltas por todo el pueblo a la par que emite unos gritos fantasmales.
Por eso es que comenzaron a llamarla La Gritona de Seborucal y se dice que al escuchar los tenebrosos lamentos las embarazadas abortaban, los perros de volvían locos de tanto aullar, los que la veían quedaban ciegos y los enfermos morían. Por eso en esos días en los hogares remedianos se repetía:
¡Dios nos salve, ahí viene la gritona de Seborucal!.
El mito, con mucho arraigo en la masa campesina, afirma que la joven ha estado vagando por la zona durante siglos y que a partir de medianoche abandona su morada y que sus gritos de lamento por su desgracia aterrorizan a cualquiera.
La leyenda convirtió en monstruo a la víctima en vez del victimario, el verdadero engendro. Había que tenerlo miedo a los perversos piratas, corsarios o bucaneros y no a una infeliz que murió por la mano de ellos