Te has ido. No pensé que fueras tal cobarde. Pero ahora tu madre me dice que te ahorcaste en tu cuarto. Y aquí estoy yo, leyendo tu carta de disculpa, viendo como pones todo el peso de lo ocurrido sobre mis hombros. Me pregunto, ¿qué habré hecho, sino amarte con locura y querer siempre lo mejor para ti? Lo admito. Siempre fuiste un poco egoísta, pero nunca me importó. Así te quería. Así aún te quiero. Por eso, por tu amor, te seguiré al infierno si hace falta, por el mismo camino por el que tú llegaste. Porque como prometimos, estaremos juntos por la eternidad, y yo siempre cumplo mis promesas.