Carlos se quedó paralizado, sin saber qué hacer ni a dónde ir, mientras la asesina se acercaba lentamente hacia él con el cuchillo en mano. Sintió un nudo en la garganta y su corazón latía desbocado. Sabía que había escapado de su prisión, pero ahora se encontraba atrapado en otro tipo de horror aún más aterrador. La asesina de la máscara macabra y sus ojos llenos de malicia, parecía disfrutar de cada paso que daba hacia él. Sin embargo, descendió y sentó en la hierba de manera expectante.
El parque infantil, una vez un lugar lleno de risas y juegos, se había convertido en un escenario digno de alaridos. Los cadáveres ocultos bajo la hierba eran una prueba sombría de los horrores que habían ocurrido allí. Carlos se preguntaba cómo era posible que algo tan hermoso como un parque infantil pudiera transformarse en un cementerio silencioso, sitio perfecto para sepultar su alma. Mientras observaba a la asesina, recordó las palabras de su abuelo: "En los momentos más oscuros, encuentra la luz". Aquellas palabras resonaron en su mente y lo impulsaron a buscar una salida, una solución para escapar de aquel destino fatal. Miró a su alrededor en busca de alguna pista, algún indicio de esperanza. Fue entonces cuando notó un objeto brillante cerca del columpio donde la asesina se había sentado. Se acercó cautelosamente, bajo aquella gélida mirada y descubrió un pequeño diario entre las hierbas altas. Con manos temblorosas, lo abrió y comenzó a leer las páginas desgastadas.
El diario pertenecía a una niña llamada Emily, quien solía visitar el parque con su familia. Las primeras páginas estaban llenas de dibujos coloridos y relatos de juegos divertidos. Sin embargo, a medida que avanzaba en las páginas, Carlos se dio cuenta de que algo había cambiado. Los dibujos se volvieron oscuros y los relatos se tornaron inquietantes. Emily describía encuentros con una figura siniestra que acechaba en el parque. Hablaba de una máscara macabra y ojos llenos de malicia. Carlos sintió un escalofrío recorrer su espalda al darse cuenta de que la asesina que lo perseguía era la misma figura descrita por Emily en su diario.
Mientras continuaba leyendo, Carlos descubrió una última página escrita con trazos temblorosos. Emily mencionaba un antiguo ritual que supuestamente podía liberar al parque de la maldición y poner fin a los horrores que allí ocurrían. Había instrucciones detalladas sobre cómo realizar el ritual, pero también advertencias sobre sus peligros, sin embargo ¿A que se debía el bucle? Carlos notó que quizás era una maldición tan solo impuesta a su persona, que no habría forma de escapar de su perpetuo final pero sí de liberar lo que nunca fue suyo.
Con el corazón lleno de esperanza y determinación, Carlos sabía que debía arriesgarse y seguir las instrucciones del diario. Sabía que no tenía otra opción si quería sobrevivir y liberar aquel lugar de la oscuridad que lo acechaba.
De repente su mente divagó cuando alzó su mirada y el refilón de la contraria se llenó de algo inexplicable, un destello de luz cegadora envolvió a Carlos. Cuando pudo abrir los ojos nuevamente, se encontró en un parque infantil lleno de vida y risas. Los niños corrían y jugaban mientras los padres sonreían y conversaban animadamente. Era como si el horror que lo había atrapado fuera una tv ochentera en aquellos iris.
Ella sonrió, y el mismo glaciar fue lo que viajó entre sus poros mientras contenía la respiración...