Vikktor wrote:Si ustedes creen que el dios de los cristianos es un ser benévolo a y amoroso, entonces se están engañando ustedes a sí mismos, se ha tragado una gran mentira ¡La propia Biblia revela que el dios de los hebreos y cristianos, Yahvé o Jehová, es un auténtico demonio!
Yahvé es en realidad un dios de la guerra y un belicista tiránico con una insaciable sed de conquista, y que no sólo disfruta de la invasión de territorios extranjeros sino que también se ensaña de manera muy sádica con las víctimas de su Pueblo Elegido.
Según la Biblia, Yahvé les ordenó a los Israelitas que no sólo maten a los varones guerreros de los pueblos vecinos, sino que también masacren despiadadamente a mujeres desarmadas, a los ancianos indefensos, a los niños y hasta a los infantes recién nacidos (1 Samuel 15:2-3; Deuteronomio 2:33-34; 7:16; 13:15; Josué 6:21; Ezequiel 9:5-7; Isaías 13:15-18).
Además, este mismo aberrado dios le dice a su Pueblo Elegido que a la hora del someter a un pueblo gentil asesinen a todos los niños varones e inmolen a todas las mujeres no vírgenes pero que tomen para sí a todas las muchachas vírgenes como botines de guerra (Números 31:17-18).
Si ustedes aún creen que un infanticida degenerado como Yahvé es un dios de amor y digno de la alabanza, entonces ustedes carecen de honestidad moral, o son ustedes unos completos ignorantes en el tema.
Cualquier persona buena sabe que el sacrificio de una vida inocente es algo totalmente inmoral. Sin embargo, demasiada gente ha olvidado que el sacrificio animal siempre fue el tema central y el meollo esencial del Judaísmo bíblico. La verdad es que el culto a Jehová se caracterizaba por la continua inmolación de criaturas como ovejas y bueyes. En los templos de Jehová el sacrificio animal se ofrecía diariamente para apaciguar su ira ardiente y expiar la culpa de las transgresiones de la ley mosaica.
En el Judaísmo antiguo se realizaban por lo menos tres tipos distintos de prácticas sacrificatorias:
1) el holocausto, una ofrenda quemada de un animal que se ofrecía todos los días en el altar del templo o del tabernáculo a la hora de la oración y la alabanza con el propósito de mostrarle a Yahvé amor y devoción;
2) la ofrenda de paz, un sacrificio festivo cuyo fin era agradecer la supuesta gracia y misericordia del dios de Israel sobre la nación judía; y
3) la ofrenda de expiación, una práctica sacrificatoria particularmente sangrienta en la cual el Judío inmolaría un animal de su ganado sobre el altar de Yahvé para recibir el perdón por sus pecados y sus transgresiones de la ley.
El continuo derramamiento de sangre de manera ritualista era el fundamento de la religión judía bíblica. De hecho, la Biblia explica abiertamente que Yahvé encuentra deleite en los sacrificios sangrientos y macabros (Génesis 8:20-21; Levítico 1:5-9; Números 18:17-19). Es como si él estuviera fascinado por la inmolación de la vida inocente. Es evidente que el dios de los Judíos es una entidad carnívora y de una naturaleza depredadora puesto que según el libro del Génesis él rechaza la ofrenda vegetal de Caín y se deleita con el sacrificio animal de Abel (Génesis 4:3-5).
Es más, a veces los sacrificios rituales a Yahvé se convertían en hecatombes enormes. El primer Libro de Reyes relata que el rey Salomón y su sacerdocio real sacrificaron más de 22,000 bueyes y 120,000 ovejas en el templo de Yahvé en un período de sólo dos semanas (1 Reyes 8:62-64). El dios hebreo siempre ha tenido una sed por la sangre inmolada.
Esta misma aberración judía continuaría en la doctrina del Nuevo Testamento expresada por el Apóstol Pablo de Tarso, que establece que la muerte del Jesús es necesaria para que se finalice un pacto con Yahvé, que la sangre sacrificatoria lo purifica todo, y sin el derramamiento de sangre no hay ninguna remisión (Hebreos 9:16-17; 9:22).
En fin, el culto a Yahvé siempre ha sido un culto de la muerte, y sus fundadores han sido gente completamente perversa y de mentalidad enfermiza. Ellos y su dios son la epítome de la perversidad patológica.
En el primer Libro de Reyes, una crónica de la historia primaria del pueblo hebreo, vemos que en el Judaísmo primitivo Yahvé solía pedir la inmolación de la vida de los hijos de los Hebreos por la santificación de las ciudades a la hora de su reconstrucción (1 Reyes 16:34).
En el mismo libro bíblico leemos también que Yahvé le ordenó a su siervo Josías que sacrificara a los sacerdotes extranjeros en sus templos y quemara sus huesos sobre los altares (1 Reyes 13:1-3; 16:34).
Pero los apologistas cristianos suelen citar la Biblia de manera selectiva, y por eso su enseñanza es engañosa. Ellos están dispuestos a inventar cualquier escusa para justificar la conducta perversa de su dios misántropo, y aunan todos sus esfuerzos para defender algo que es completamente inmoral y presentarlo como algo moral y justo. Así han sacrificado su propia honestidad moral y están defendiendo algo totalmente aberrante presentándolo como el paradigma de la bondad.
Pero sus mentiras son expuestas por las palabras de su propio dios malvado que le admite a su profeta Ezequiel que él mismo había instigado a los pueblos a que le ofrecieran sacrificios infanticidas:
'Por eso yo también les di estatutos que no eran buenos, y decretos por los cuales no podrían vivir. Y los contaminé en sus ofrendas cuando hacían pasar por el fuego a todo primogénito, para desolarlos y hacerles saber que yo soy Jehová.' (Ezequiel 20:25-26).
Mucha gente ingenua considera la cultura judeocristiana una fuente de valores morales sanos. Esa gente defiende la Biblia por razones éticas. En las sociedades occidentales estamos acondicionados a creer que las llamadas Sagradas Escrituras son un manual para alcanzar la santidad. Sin embargo, una vez comprendida en su totalidad, la ley bíblica que Yahvé mismo supuestamente le reveló a Moisés en el Monte Sinaí no es de ningún modo un código moral auténtico, sino más bien un manifiesto cuyo propósito real es justificar la dictadura tiránica del déspota dios Yahvé.
La ley mosaica aparenta ser un manual ético a primera vista, pero en realidad no intenta establecer ningún sistema moral auténtico y coherente sino que sólo pretende justificar las costumbres cuestionables del culto jehovítico. La moralidad de Yahvé no tiene coherencia alguna. Por ejemplo, está prohibido que la gente trabaje en el día sábado o haga el amor antes del matrimonio y ambas transgresiones deben ser castigadas con la muerte por apedreamiento, pero en cambio sí está bien que los Judíos cometan genocidios contra sus vecinos extranjeros y cometan el infanticidio masivo. La verdad es que la ley bíblica es simplemente una horrenda dictadura.
El supuesto 'padre amoroso' exige que los hombres sean apedreados hasta su muerte sólo por encender una llama o recoger leña en el día sábado, el día santificado de Yahvé (Éxodo 31:12-15; Números 15:32-36); y requiere también que los creyentes asesinen a sus familiares y sus amigos si deciden abandonar el culto sangriento a Yahvé y seguir otros caminos espirituales (Deuteronomio 13:6-10). Del mismo modo, la doctrina neotestamentaria enseña que todos aquellos que no sigan la religión de Yahvé serán juzgados por su hijo Jesús y quemados en un lago de fuego infernal (Apocalipsis 20:10-14; Juan 8:24; 2 Tesalonicenses 1:8-9; 2:11-12).
¡Yahvé no es un dios benévolo sino un monstruo abominable y su famoso libro sagrado (la Biblia) es nada más que una malvada herramienta para la esclavizar a la humanidad!
Además de ser una entidad sumamente malévola y con un carácter sádico, el dios hebreo Yahvé es también un enemigo que siempre se opuso a la iluminación espiritual del hombre. El relato del Huerto del Edén en el Libro de Génesis comienza con una prohibición contra el fruto del Árbol de la Ciencia (Génesis 2:17). En el siguiente capítulo Yahvé no sólo mintió diciéndole a Adán que el día que comiera del Árbol de la Ciencia ciertamente moriría sino que también admitió que la Serpiente tuvo razón reconociendo que entonces el hombre era como uno de ellos = los dioses (Génesis 3:4-5; 3:22).
Al leer minuciosamente el libro de Génesis, vemos que Adán sí adquirió el conocimiento de los dioses al comer del fruto prohibido justo como dijo la Serpiente; y nos damos cuenta de que el hombre no murió porque comiera del Árbol de la Ciencia sino porque el mismo Yahvé y sus malévolos querubines le impidieron el acceso al Árbol de la Vida (Génesis 3:24).
Además, el texto dice que Yahvé introdujo muchas maldiciones al mundo a propósito (Génesis 3:16-19).
Es evidente que Yahvé nunca quiso que el hombre se desarrollará espiritualmente hasta tener la misma conciencia que los seres divinos; y sólo quiso mantenerlo como un esclavo ignorante en el santuario terrenal.
La política oscurantista de Yahvé no termina allí. La ley mosaica prohíbe cualquier tipo de conocimiento espiritual desde la magia y la adivinación hasta la comunicación con toda clase de espíritus (Levítico 19:26; 19:31; Deuteronomio 18:10-12).
¿Por qué tanto temía Yahvé que prohibió que los pueblos se comunicaran con seres espirituales? La respuesta es que Yahvé tenía miedo a que los hombres tuvieran contacto con sus dioses ancestrales y conocieran la verdad acerca de su identidad auténtica. Irónicamente el Libro de Enoc, un texto apócrifo de considerable importancia en el Judaísmo, revela que las artes mágicas y las técnicas de la adivinación tienen su origen en el cielo y les fueron enseñadas a las hijas de los hombres por los ángeles que habían abandonado sus puestos en el cielo y se habían opuesto a la autoridad de Yahvé (Enoc 7:1; 8:3). Los ángeles de Yahvé les acusaron a los ángeles rebeldes de haberles revelado a los hombres los 'secretos eternos del cielo' (Enoc 9:6).
Del mismo modo, durante el episodio del desbaratamiento de la Torre de Babel en Génesis 11, Yahvé se asusta por el progreso espiritual asombroso de los hombres cuya torre (alegórica) ya está a punto de llegar al cielo y él les admite a sus compañeros divinos, los otros dioses Elohim, que nada los podrá detener (Génesis 11:6). Aquí Yahvé teme que el hombre llegue hasta el reino divino y se convierta en un igual. De modo que él y sus secuaces celestiales descienden a la tierra y confunden el lenguaje (espiritual) de la humanidad. Esto es bien interesante puesto que algunos de los textos sumerios más antiguos en los cuales se basan muchos de los relatos bíblicos, cuentan que el dios más alto del cielo se opuso a la revelación de la ciencia del designio del cielo y de la tierra al hombre (Leyenda de Adapa). Lo cierto es que Yahvé siempre se puso en contra de la iluminación de la humanidad y por lo tanto él es un verdadero enemigo de nuestra raza humana.
Los apologistas cristianos que inventan cualquier escusa para justificar a su dios, ignoran la infinitud de versículos bíblicos que cuentan la maldad de Yahvé, y siguen fantaseando que el dios judeocristiana es una entidad perfecta, benévola e infinitamente amorosa. Ellos son poco honestos y sólo se están engañando a sí mismos, a pesar de que la propia Biblia da testimonio muy claro de que Yahvé tiene todos los atributos de una entidad demoníaca,
Pero Vikktor, ¿no hacian estos pueblos lo mismo, ellos no masacraban tambien a otros pueblos, no mataban a los indefensos también?
Amigo, como muchos cristianos an dicho aqui( inclullendome), Dios es bueno, es cierto, pero tambien es justo y como justo castiga lo mal hecho, la biblia misma dice que el diciplina y capacita a los que el ama. Que Dios sea bueno no significa que el tolere la maldad, no amigo, Dios repudia lo mal hecho, esta es la parte que a mui pocos le gusta.
Continuo luego...