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Mensaje n.º 10 · hace 5 años
Leer la publicación completaMember
Se unió el Última vez
Mensaje n.º 10 · hace 5 años
Leer la publicación completaJohn Crowley Blackwoood wrote:Segundo Relato:
AmigosLa noche anterior había sido salvaje, Rose despertó en la mañana aún con el mareo de la bebida y cansancio del baile, miró a su lado y junto a ella se encontró a Alex boca abajo durmiendo como un bebé, comenzó a acariciar su espalda para despertarlo inútilmente, trepo encima de él y empezó a besar su oreja derecha.
En sueños, una sirena intentaba arrancar a Alex del mástil de su embarcación que caía poco a poco al fondo del mar, en un intento fallido de defenderse este empujó a Rose un poco y se giró boca arriba para seguir durmiendo, ella se le acercó, puso su pie sobre su cintura la cabeza en su hombro y lo abrazó, pero ya no tenía sueño así que decidió ir a la cocina, cogió un vaso de agua, regreso a la habitación y se lo lanzó en la cara para luego salir corriendo.
- ¿Que pasa, donde estoy, en que momento de hundió el barco???
Balbuceó el chico aún con el rostro mojado, el ruido de unas pisadas rápidas alejándose le recuerdan que no ha dormido sólo, sonidos tenues, está descalza.
-Jajaja, te has dejado las pantuflas al lado de la cama
-No las necesito
Le responde a una distancia prudencial mientras lleva las manos detrás de la espalda como una niña pequeña, mordiéndose los labios mientras sonríe, en la miró con ternura y le sonrió.
-Te vas a poner algo encima? Por más que me guste ver ese cuerpecito desnudo no quiero que los vecinos llamen a la policía por exhibición indebida.
Le dijo a la semidesnuda chica al tiempo que se acercó y cubrió su espalda con una camisa de cuadros, siempre supo que le quedaría bien, justo como un pijama, es una vista hermosa.
-Voy a preparar el desayuno. ¿Quieres café antes?
Preguntó.
-Café está bien, gracias
Le dijo sonriendo mientras lo seguía a la cocina, al llegar se subió a la meseta y se puso a observar.
-Es una linda mañana, gracias por no permitir que la perdiera...
Dijo Alex alegremente dejando la cafetera en el fuego.
- ¿Cómo durmió la chica más adorable de esta ciudad anoche?
Preguntó al tiempo que se colocó entre sus piernas. Ella rodeó su cintura y lo abrazó mirándolo a los ojos.
-más adorable del mundo...
Le guiñó un ojo mientras sonreía.
-por primera vez soñé con los angelitos, y vaya la que armaron en mis sueños.
Sigue diciendo mientras ríe.
-y cómo dormiste tú?
Le preguntó al tiempo que apoyó sus manos tras de sí acercando más sus caderas a él.
-Esta ha sido una de esas noches extrañas en las que entiendo más a mi refrigerador que a mis sueños...
Dice mientras se deleita con las vistas.
-De todas formas, no creo que necesite soñar nunca más, tengo todo lo que hubiera alguna vez soñado justo en frente.
El olor del café lo trajo de vuelta a la tierra. Le dejó un beso corto, de esos que no se quieren separar de los labios, pero lo hacen por peligro de incendio, y no precisamente del tipo de fuego que les gustaría.
-Azúcar?
-Si por favor.
Respondió ella bajando de la meseta y abrazándolo por la espalda.
-Huele bien.
Afirmó Rose mientras pegaba su nariz a la piel de Alex.
-me quedaría aquí el día entero.
Le susurró al oído mientras este servía el café, tomó su taza y dio un sorbo. Sin tragarlo aún la chica se agachó, ágilmente bajo el bóxer del joven, tomo su miembro y lo introdujo en su boca aún caliente por el café.
-Hey!!!
Dijo asombrado.
-así es más delicioso.
Replicó ella sonriendo mientras daba otro sorbo a su bebida, el solo atinó a cerrar sus ojos al sentir el delicioso calor que aquella boca le regalaba procurando mantener su taza bien agarrada.
-Esto...es un buen inicio para el día...
Dejó la cafetera en la meseta, un poco más apartada hacia el fondo, posó su mano en la cabeza chica lentamente, enredando sus dedos entre sus cabellos al tiempo que daba un sorbo a su taza.
-Muy bueno...
Mientras le daba placer, la joven llevo los dedos de la mano libre hasta su sexo el cual comenzó a estimular suavemente, Alex solo sostenía su café mientras admiraba la escena.
-Se siente de maravillas cielo...
Terminó de beber y se dedicó a disfrutar un poco. Los ojos de la chica buscaban los de el con una mirada penitente, ver su rostro mientras le daba sexo oral era algo tan excitante, hacía entrada el deseo, las ganas de poseerla en ese momento, traídas por el acto más simple de sumisión en el libro.
-Ven pequeña, a mi boca le falta un sabor más.
La ayudó a levantarse y la sentó sobre la superficie libre de la meseta, la besó y lentamente comenzó a hacer un camino con su boca a través del delgado cuerpo de Rose, presionando suavemente sus labios contra la piel en algunos lugares hasta llegar entre sus muslos, los besó, los mordió mientras cerraba los ojos.
-Sé que te encanta tanto como a mí, tu también necesitas unos buenos días.
Alex acercó su boca uniéndola de lleno con su sexo, como si quisiera succionarla de un solo sorbo, lentamente su lengua comenzó a recorrer los bordes de sus labios internos, separándolos y jugando con ellos, pasando por la entrada sin penetrar, haciéndola plana y subiendo hasta rozar su clítoris ligeramente.
Los gemidos no se hacen esperar, de su boca comienzan a emerger cual cantos de ángel, sus manos se apoyan tras de sí sobre el frío mármol mientras sus piernas suben abriéndose para él, arquea su cuerpo, quedando totalmente expuesta con los ojos apuntando al techo y una mirada perdida en el deseo y el placer. Sus caderas se empiezan a mover ligeramente para invitarlo a que explore más adentro.
-Estoy muy caliente, demasiado caliente.
Susurró Rose con voz entrecortada mientras bajaba la cabeza para observarlo, instintivamente llevo una de sus manos a su pelo, ya sus piernas comenzaban a fallar por el placer.
-Y que vamos a hacer con todo ese calor eh?
Dijo el chico al tiempo que se levantó y llevó sus labios cerca de los de ella provocativamente, casi a distancia de roce. Sus dedos reemplazaron a su lengua mientras la observaba con una sonrisa desafiante que la invitaba a expresar sus necesidades evidentes, estaban dentro de ella, moviéndose de maneras distintas el uno del otro, jugando, cada vez más húmedos.
-Quiero escucharte pedirlo, quiero que me pidas tus deseos.
Movió la camisa poco descubriendo dos delicados senos blanquecinos, con los dedos de la otra mano comenzó a acariciarlos suavemente, pasando las yemas sobre su superficie sin quitar la vista de su rostro, ella cerró los ojos intentando contener las ganas, sus gritos enmudecidos resonaban en la estancia.
-Si tengo que decirlo entonces ya no lo quiero.
Le dijo entre gemidos y puso una mano en su cuello, intento besarlo, cuando sus labios estaban casi rozando se detuvo para darle paso a un nuevo quejido lujurioso, se estaban haciendo cada vez más seguidos e intensos, su voz comenzó a apagarse, era visible que estaba cerca de culminar, lo abrazó y apretó contra ella mientas su mente la hacía traicionar el falso estatuto que impuso antes.
-Hazme tuya, quiero sentirte dentro de mí.
Ya no aguantaba más, se dejó llevar por los deseos mientras su cuerpo perdía la batalla contra sus manos.
-Quiero más, quiero que ocupes todos mis espacios, quiero que me hagas tuya y demuestres todo ese poder del que tanto te vanaglorias.
Sigue balbuceando con voz entrecortada mientras sus caderas ya se mueven por voluntad propia.
-Ya eras mía antes de haberlo tan siquiera pensado Rose.
Retiró los dedos y su miembro hizo acto de presencia a la entrada de su vagina. La punta comenzó a entrar y salir suavemente haciendo que sus carnes se inflaran de deseo poco a poco.
-El poder no se demuestra pequeña, el poder se ejerce.
Terminando la frase una embestida profunda apoyada por una mano en sus nalgas hizo que los ojos de la chica se abrieran como platos del sobresalto, el comenzó a embestirla sin previo aviso con gran fuerza y velocidad, haciendo que los utensilios de cocina sonaran un poco por el movimiento, la agarró del cuello y le dedicó una mirada maliciosa.
-Eres mía, hace mucho, sólo que no lo has aceptado aún.
La trajo hacia si aun apretando su garganta y besó su boca apasionadamente a la vez que la penetraba con todas sus energías, la meseta vibraba, la cocina ardía.
Rose se deleitaba sintiendo como el inicio de aquél falo entraba y salía suavemente, le gustaba, acrecentaba su desesperación, quería tenerlo dentro completamente. Alex, viendo que el placer hacía ya mella en su compañera se apresuró a llenar cada espacio de su vagina. Un grito se escapó de su boca mezclándose perfectamente con sus gemidos, el sudor de sus cuerpos saltaba con cada embestida, ella sentía que podría morir de extasiada en ese momento sin ningún remordimiento. Su mente divagaba, sus ojos con la mirada perdida se cerraron para no verle.
- ¿Realmente soy suya?
Se preguntaba una y otra vez mientras lo sentía cada vez más adentro.
-En estos momentos lo soy...
Terminó resignándose a sus deseos, aquella mano la asfixiaba cuando más necesitaba respirar, la sostuvo en su cuello y apretó, pero sin intentar detenerlo, el la penetraba cada vez más duro, más intenso, a veces dolía, era un dolor tan dulce que no podía hacer que se detuviese.
-No soy de nadie.
Logró murmurar mientras sus fuerzas la abandonaban.
Un escalofrío recorrió su espalda haciéndola callar un minuto, o más bien perder el aliento, había llegado ese momento que tanto deseaba, ese momento donde no existía el tiempo ni el espacio solo las sensaciones de la piel, los temblores lo anunciaban.
-Quiero... más...
Su voz sonaba casi suplicante, culpa de ese orgasmo, no hubiese podido evitarlo.
Ese tono era música lujuriosa para los oídos del chico, soltó su cuello, la bajó de la mesa con rudeza dejándola de espaldas y continuó penetrándola salvajemente mientras su boca se dedicaba a morder su espalda y su cuello, terminando en sus hombros.
-Dices ser de nadie, hoy eres mía Rose, solo mía.
Gruñó suavemente en su oído y enredando una de sus manos en sus cabellos la comenzó a traer hacia atrás para luego con la otra arquear su espalda, así gozó de su cuerpo por un rato, luego alzó una de las piernas de ella sobre la meseta, quitó la mano de su espalda y comenzó a estimular su clítoris con vigorosamente.
-No te cortes, muéstrame cuanto te está gustando, córrete para mi
Sentirlo tan adentro enloquecía sus sentidos, lanzaba gemidos más profundos cada vez.
Quedar tan expuesta, acostada boca abajo sobre la meseta hizo a su cuerpo estremeciese y los dedos que la estimulaban la hicieron mojar sus muslos, preparándola para lo que vendría a continuación.
-Detente.
Le gritó e intentó apartarlo vagamente, pero los corrientazos en sus terminaciones nerviosas no ayudaban, sentía su mundo desaparecer, un calor incontrolable, su voz comenzaba a apagarse y su mente junto con ella se apagó levemente.
Mientras bañaba al chico con la fuente de su placer sus ojos casi blancos advertían la pérdida de cualquier resquicio de fuerza remanente.
Su cuerpo casi cae al piso entre contracciones, por su rostro bajan lágrimas de placer, ha terminado por segunda vez, su respiración, agitada aún comienza a volver a la normalidad.
-No será tan fácil escapar señorita
El joven hizo caso omiso de sus espasmos y volvió a la carga con el mismo ímpetu, penetrándola lo más profundo que sus dimensiones le permitían, la joven sin fuerzas solo podía apretar los dedos de sus pies mientras su cuerpo aún sensible aguantaba la sobrecarga de sensaciones, sus ojos giraban húmedos y su lengua bailaba fuera de su boca.
-Esto no termina hasta que yo lo diga.
Su pierna tensa en las manos de Alex, su cuerpo suave a merced de su verdugo, su vagina pidiendo ese cálido fin que solo el podía darle.
-Estoy llegando!!
-Dentro... Todo... Dentro
Tres palabras que habrían dejado la orden de Nerón de quemar Roma en ridículo.
Ella esbozó una leve sonrisa perversa que cargada de sudor y restos de maquillaje corrido del día anterior hicieron que Alex aumentara la velocidad de sus movimientos. Ella podía sentirlo, el palpitaba en su interior, justo antes de estallar retiró su miembro y todo el semen terminó bañando su espalda y parte de sus nalgas.
-Mmmm, delicioso final... te espero en la tina aún no acabas
Se limpió con una servilleta desechable que luego tiro a la basura, limpió la espalda de la joven delicadamente y se retiró sonriendo, no sin antes plantarle una nalgada cariñosa.
-Y no te duermas sobre la meseta vale? Creo que al final si le dimos un espectáculo al vecino.
Gritó desde el pasillo. A Rose le tomó unos minutos recuperarse, se quedó un rato sobre la meseta y esperó.
-dijo que en el baño...
Se sonrió y apoyó los pies en el piso, aún sus muslos temblaban, tratando de mantener el balance caminó despacio hasta el baño, al llegar ya Alex ocupaba la tina desnudo.
El agua caliente envolvía el cuerpo del chico y el vapor nublaba su visión, absorbió la escena en su cabeza y se acercó.
-Me demoré?
Le preguntó sentándose en el borde de la tina y tomando una de las esponjas para comenzar a frotar dulcemente su pecho.
-Lo justo, te esperaba...
Respondió sonriente y acarició su mano.
-Sabes que te miro y siento que te falta algo?
Mmm, sí, creo que necesitas agua caliente en ese cuerpo, ven aquí conmigo.
La trajo hacia el de un tirón, el agua caliente desborda la tina, reían mientras ella lo golpeaba con la esponja juguetona.
-Ven, recuéstate aquí en mis brazos.
Ella así lo hizo, su cuerpo comenzó a sentirse extremadamente relajado, quedó de espalda a el rodeada por sus brazos, solos los dos en aquel momento de paz. Después de unos minutos se acercó a su oído, mordió el lóbulo de su oreja y le susurró.
-Quisiera quedarme más tiempo, pero debo irme, supongo que nos veremos por ahí extraño.
Le dijo mordiendo sus labios, le dio un beso intenso y se dispuso a marcharse.
-Ya nos veremos extraña, creo que más de lo que esperas, el que pienses que no me perteneces lo hace más divertido.
-Ya veremos, nos vemos por el mundo Alex.
-Hasta la próxima Rose.
Ella sonrió y se retiró a buscar su ropa, salió luego a la calle y como un sueño desapareció entre la multitud.
Alex terminó su baño y también se dispuso a salir, al llegar a la puerta las vio, había dejado sus gafas de aviador en la mesa de la entrada.
-Esta chica... En fin, ciertamente será un bonito día.
FIN
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