La gente se tomaba la infidelidad bien en serio:
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Viendo los comentarios, hay que dar por sentado que la mujer siempre será infiel o no digna de confianza. No me ataquen las mujeres que ya ven por dónde andan los tiros.
Yo aquí, desde mi posición de expectador, solo digo que es una desición estúpida el uso de estos tarecos con el fin de evitar actos de infidelidad. Si no confías en tu mujer, pues aguanta el tarro o divorciate. Total, en ese tiempo los maridos que se iban a cumplir alguna misión o a las Cruzadas a Jerusalén o Australia, alguna moza aldeana o cortesana le sacaba fiesta y le metían el sable por la misma hendidura. Y después muy felíz llegaba a casa, sabiendo que su mujer estaba impedida físicamente de pegarle los tarros (si acaso una felación al Marqués de Comillas, pero no contaba como tener sexo).
En fin, una estupidez de aquellos tiempos.