A mí realmente me importa poco si el pueblo en Cuba ve o no el dinero que les quitan a los artistas en impuesto o quienes están detrás del negocio en sí; al final del día, bien merecido se lo tienen. Esos artistas viajan allá para llenarse los bolsillos en un país donde la gente apenas tiene qué comer, pero siempre encuentra cómo mover el cuerpo en sus conciertos.
Lo que de verdad me preocupa son las violaciones a las leyes del embargo en Estados Unidos. Planet Records abrió su sucursal en USA entre 2008 y 2010 para distribuir música cubana, y me parece que las sanciones están tardando demasiado en aplicarse.
Es lamentable, porque quienes defienden que la música no tiene nada que ver con la política en realidad se están poniendo la soga al cuello. La música es un negocio más, y las leyes prohíben negociar con compañías extranjeras que tengan vínculos con Cuba. Todo esto probablemente termine provocando un endurecimiento todavía más hostil en las políticas migratorias hacia los cubanos, porque parece más fácil atacar esos negocios ilícitos a través de la inmigración que mediante las leyes actuales del embargo.
En definitiva, otro problema que se buscan por andar jugando al Poncio Pilato.