Espero que les guste
ELVIRA, LA BRUJA
Derechos de autor : Alex Moralex Gómez
Henrique era el hombre más cotizado de la región y no por su dinero, era por su porte y el don que tenía al tratar las mujeres, así que toda mujer que estuviera soltera quería que el se fijara en ella, hasta muchas casadas buscaban de sus amores, así fueran clandestinos , el tampoco es que le disgustara esa vida, así que se prestaba para cualquier aventura que resultara, no era bebedor, ni pendenciero, su única debilidad eran las mujeres, así que estas eran las que más problemas le podían traer, ya que no respetaba, solteras, ennoviadas, casadas a todas les iba por parejo como el mismo decía.
Elvira era una mujer mayor, su edad era indefinible, era ya una anciana, pero la realidad era que se conservaba muy bien, tenía fama de bruja, no de una simple bruja, se decía que era la mejor que había y no había nada que ella no pudiera resolver, un día cualquiera se encontró en el camino con Henrique y ni corta, ni perezosa le declaró amor y le dijo que quería tener algo con él, las carcajadas de Henrique se escucharon por todo el lugar, se burlaba de Elvira, le decía que si ella no se había visto en un espejo, que como se iba a igualar a él, a Henrique Saldívar, la dejó allí y se siguió riéndose camino arriba, Elvira se quedó ahí parada, en su rostro no se notaba, ni ira, ni desilusión, solo se quedó ahí mirando el horizonte, al mucho rato, sonrió y miró al cielo, ya caía la noche y grandes nubes negras cubrían el firmamento , tomó su costal y todas sus plantas que casi siempre llevaba con ella.
Desde aquella misma noche empezó el suplicio para Henrique, a la mañana siguiente amaneció brotado toda la piel, no eran grandes las erupciones pero tenía en todo el cuerpo, no quiso salir de su habitación, solo dejó entrar a su madre, ni siquiera Ana que ayudaba en casa y también hacía parte de sus amores furtivos, pudo entrar a verlo, la madre consultó por todos lados, esperando encontrar la solución, pero los médicos decían que tenían que verlo, el no quería ser visto por nadie, pero ahí no termino todo, en las noches empezó a visitarlo el demonio como diría el años después, era una figura negra, el podía verla entrar por cualquier cavidad de la puerta o las ventanas, cuando estaba dentro tomaba forma como de ave gigante, la habitación se llenaba de un olor a colonia barata y antes que el pudiera decir algo, aquello estaba montado en su pecho, golpeándolo, arañándolo y dejándole moretones en todo su cuerpo.
La madre de Henrique, entendió que aquello era brujería, así que le preguntó a su hijo que había pasado, el le contó lo vivido con Elvira, la madre al escuchar aquello se santiguo y le dijo que era ella y que él había cometido un gran error al burlarse , esa mujer era una bruja poderosa, así que la madre buscó, por toda la región a un brujo o bruja que pudiera ayudar a su hijo, pero todos fallaron, riegos, sahumerios, oraciones, artículos benditos, ninguno sirvió, cada día que hacían algo para ahuyentar la bruja, esta volvía en la noche con más ímpetu, a eso de las 7 de la noche, se escuchaba la risotada que cubría todo el valle, todos decían allá va Elvira a visitar a su amado, mientras Enrique temblaba de miedo, al saber que una noche más tendría que aguantar aquel engendro y que no había poder humano que lo pudiera ayudar.
Como el amor de madre, cualquier cosa es capaz de hacer, la madre fue a entrevistarse con la bruja Elvira, esta le dijo que el suplicio de su hijo podía acabar si, este le pedía disculpas de rodillas y besaba sus pies, ya el no le interesaba como hombre, pues ya no volvería hacer el que antes fue, la madre no dijo nada, salió de allí llorando, sabía que su hijo era orgulloso y no daría su brazo a torcer, cuando iba llegando a su casa, un anciano que no era de la región, le preguntó que le pasaba, ella a pesar que no hablaba mucho de lo que estaba viviendo su hijo, le contó todo, quería desahogar todo el dolor que tenía al ver el deterioro de su hijo y su constante encierro, el anciano le sonrió y le aseguró que no había problema, que fuera al pueblo contiguo, allí había un convento o monasterio, vivían unas monjas, la superiora del lugar podía ayudarla, el mismo la llevaría allí, la madre sin pensarlo, tomó camino con el anciano, efectivamente era un gran monasterio, pero muy antiguo, casi se podría decir que estaba en ruinas, el hombre le dijo que no podía seguir más de ahí que debía ser ella la que entrara, porque él como hombre no podía entrar en un lugar de aquellos, la atendió una monja muy anciana, ella pensó que tal vez, esta sería la superiora por su edad y por su porte, pero no, simplemente era la portera, la madre de Enrique, le expuso el caso, la mujer fue y llamó la superiora, esta era una mujer mucho más anciana, se podría decir que tenía todos los años del mundo, cuando la madre de Enrique le contó lo que le estaba pasando a su hijo, ella sonriente le dijo que por qué el hombre se preocupa del poder del mal, si siempre va a triunfar el bien, no da resultado algunas cosas por que las personas dudan del bien y le temen al mal, fue así que le dijo qué no necesitaba tanto para deshacerse de aquella malvada bruja, le escribió una oración que decía así “ por el poder del hombre que murió en la cruz, por la sangre que derramó, por el sufrimiento que este pasó para salvación nuestra, yo te quito todo poder, toda fuerza que te haya dado el mal y te condeno a vagar eternamente hasta que el redentor vuelva a resucitar los muertos ” esta oración debía decir la apenas sintiera que aquello llegara su casa, es más podría empezar a rezarla apenas escuchara la risa de la bruja, cuando emprendiera vuelo para ir a martirizarlo, pero le advirtió que debía de ser con mucha fe y confiar que esa oración, la podía vencer.
Cuándo Enrique sintió la risa de la bruja, el empezó con su oración también, todos los del poblado escucharon la risa y dijeron la frase que siempre decían, allá va Elvira a visitar a su enamorado, Enrique sabía que la oración la tenía que decir con toda su fe, con la ciega creencia de que el bien vencería el mal, fue así que Elvira, no alcanzó a llegar a la casa de Enrique, se escuchó un grito ; un grito de dolor, un grito desesperado, un grito de fatiga, un grito de angustia, la habían vencido, de la bruja Elvira nunca se volvió a saber nada, desapareció, dejando su rancho con todas sus pócimas, con todos sus brebajes, con varios animales que mantenía allí , pero todos aseguran qué noches de luna llena, se escucha el grito desgarrador, ese grito de pena y de dolor, porque sigue vagando por toda la eternidad, hasta que vuelva el redentor, Enrique no volvió a ser el mismo, no recuperó su belleza, su piel nunca tuvo de nuevo la lozanía que antes, así que el también cambió su manera de ser, muy pronto se casó con Ana la chica que ayudaba en su casa.
Unos años después, Enrique quiso ir con su madre y su esposa, a agradecerle a las monjas del monasterio, porque lo habían salvado del mal, pero para asombro de ellos, la gente de la región, les dijo que ese monasterio hacía más de 100 años que había sido destruido, allí no había nada, solo escombros y ruinas
MORALEX